Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2017.

EL ANFITEATRO ROMANO DE CARMO

20170201193539-anfiteatro.jpegEL ANFITEATRO ROMANO DE CARMO

Visita guiada y comentada por D. Alejandro Jiménez Hernández, Arqueólogo de la Necrópolis de Carmona
27- XII-2.016, 12:30 h.
Apuntes de José Luis Yuste Morales

INTRODUCCIÓN
Durante varias décadas fue imposible hacer una visita a los restos del Anfiteatro carmonense. Su estado de semiabandono por parte de las autoridades culturales no lo permitió, tampoco su escasa excavación arqueológica y, por supuesto la poca información que de él se tenía. Todo ello daba como resultado que los visitantes a la Necrópolis observaran cómo delante de la entrada a este recinto una valla metálica impidiera ver más allá de lo que parecía ser, un posible anfiteatro excavado en el suelo.
Gracias a las aportaciones económicas conseguidas por el director del recinto arqueológico, D. Ignacio Rodríguez Temiño y el esfuerzo del equipo de arqueólogos encabezado por D. Alejandro Jiménez Hernández, que ha incorporado toda su investigación a su tesis doctoral, se está pudiendo rescatar del olvido un espacio tan interesante que, desde un punto de vista rigurosamente científico, nos aporta información precisa que nos ayuda a desmitificar muchas cuestiones relacionadas con este tipo de edificios públicos romanos.
Esta visita guiada, ilustrada previamente con una presentación, viene a coincidir con una posible apertura al público en fechas próximas, toda vez que se ha habilitado un pasillo perimetral en el recinto, con tres puntos y breve información explicativa en cada uno de ellos pero, sobre todo, con una buena visión del conjunto y sus partes. Cuestión pues de esperar a que se haga realidad esta apertura porque todo pasa por disponer de personal de servicio y mantenimiento y esto no es más que dedicar presupuesto público de las instituciones competentes.
El espacio excavado ha aportado una información muy relevante, no sólo desde el punto de vista de la técnica constructiva, sobre todo si se compara con construcciones similares en el mundo romano, sino también con características relacionadas con la ubicación y los objetivos que cubría como edificio público, destacando que se encontraba en la provincia Bética, durante varios siglos un emporio económico de primera magnitud cuyos resultados son más que evidentes: se trata del espacio peninsular del mundo romano donde se ha encontrado el mayor número de anfiteatros, siendo el último localizado en el yacimiento arqueológico de Torreparedones (Baena-Córdoba) Esta última idea nos habla de la gran tendencia de los hispanorromanos béticos al ocio y a la diversión, después del trabajo, claro está.

SPECTACULA
En una lápida encontrada en Pompeya aparece el término “Spectacula” para hacer referencia directa al anfiteatro, es decir, el edificio público donde se celebran los espectáculos. En este sentido hay que diferenciar que en el mundo romano los eventos de ocio se establecen, según su modalidad, en edificios diferenciados: el teatro para las comedias y tragedias, es decir la Cultura, el circo para las carreras de carros, o sea, las competiciones deportivas y los anfiteatros para los espectáculos de gladiadores –munera- y fieras-venationes-. También sabemos que algunos de ellos duraban, a veces, varios días, y que en gran parte eran organizados y patrocinados por aspirantes a algún cargo público para granjearse el favor del pueblo.
Sabemos también que los anfiteatros cumplían una buena dosis de propaganda y tenían un papel fundamental en la renovación y reproducción de la cultura romana, además de la difusión de la ideología imperial.
Conocemos que en el anfiteatro romano no sólo tiene un valor el continente sino también el contenido, porque todo lo que ocurre en él está lleno de simbolismos: la arena –poder y valores-, la muerte –lo inefable-, el graderío –donde se celebra y renueva la estructura sociopolítica-, la sangre –que aplaca la ira de los dioses y ayuda al espíritu-, etc.
Fue tan importante para la cultura romana disponer de anfiteatros, que por todo el Imperio se mandaron construir: por el N de África (Túnez, Marruecos, Libia, Argelia), por Europa (Suiza, Reino Unido, Italia, Francia, Croacia, Austria, Alemania, Portugal, España, …)
Bien, pues Carmo no iba a ser menos y también tuvo su anfiteatro y su circo, del cual sabemos poco, pero que se supone también estaba a las afueras de la muralla y próximo al anfiteatro, en sentido NO.
Anfiteatro procede de la unión de dos términos procedentes del léxico griego: de una parte
“Anphi-”, que significa “dos” y de otra “Theatron”, lugar donde se representan obras dramáticas. En este sentido Plinio el Viejo interpreta el origen del término a la idea que tuvo el arquitecto Escribonio Curión, hacia el 53 a.n.e., de construir dos teatros de madera giratorios que al desplazarse sobre unos “raíles” se uniesen creando un espacio circular para los espectáculos. El ejemplo más claro donde se muestra cómo nació esta obra constructiva es el anfiteatro de Lucheria, donde claramente se unen dos teatros por los lados de la “scenae” y “orchestra”, dejando las cáveas a ambos lados formando, aproximadamente, una elipse.
El anfiteatro que aquí nos trae se encontraba a unos 800 m de las puertas de la ciudad amurallada de Carmo, a las afueras, y rodeado de tumbas. Curiosamente lo rodeaba también el trazado de la Vía Augusta, la gran “autopista” que unía Gades con Roma, lo que hace suponer que la construcción de éste es anterior a la de la vía y que, próximo a esta, las tumbas recordarían a los antepasados. Ya sabemos que los enterramientos eran obligatorios hacerlos fuera de la muralla de la ciudad y para los familiares de los difuntos sus mausoleos y sepulturas constituían el recuerdo imborrable de su presencia viva entre ellos.
Ya tenemos, pues, determinados los usos de este enorme espacio al SO de Carmo, la zona más “alomada” del alcor y correspondiente con el límite de las terrazas del Guadalquivir: de una parte un uso funerario –una gran Necrópolis y bastantes tumbas dispersas –Bonsor llegó a documentar hasta 100 en torno al anfiteatro-; otro uso el del ocio, con circo y anfiteatro y otro uso el de comunicación con Hispalis y Astigi por medio de la Vía Augusta. Tengamos en cuenta que la ciudad posee un potente escarpe en las demás orientaciones geográficas y, por tanto, esta es la zona más idónea para estos usos.

DEVENIR DE UN EDIFICIO PÚBLICO ROMANO
Hablar de Carmo o de los Alcores, en términos protohistóricos y de Hª Antigua, sin evitar mencionar a Jorge Bonsor, resulta imposible. Ya sabemos que este gran aficionado a la Arqueología estuvo muy interesado por estudiar y dar a conocer las comunidades del Bajo Guadalquivir en tiempos prerromanos y que es de los primeros “arqueólogos” que trabajó con una metodología científica y exhaustiva documentando hitos, levantando planos y haciendo fotografías de los hallazgos procurando siempre “globalizar” las catas para poder inferir testimonios completos de sus investigaciones.
Pues bien, esta figura tan importante, aunque algo cuestionada por algunos entendidos en la materia, supuso para la Arqueología andaluza un espaldarazo importante, ya que gracias a él se abrió el camino de la investigación arqueológica en una tierra tan rica en Historia. Jorge Bonsor junto al historiador carmonense Juan Fernández López, descubrió la “huella” de un posible anfiteatro romano hacia 1.885 en el Campo de los Olivos (En una fotografía del momento se ven a los dos posando en la hondonada de lo que más tarde se confirmó como el anfiteatro)
El terreno era privado y el propietario se oponía a su venta. Bonsor estaba convencido de que aquella “cavidad” excavada, por sus formas y trazas, tenía que ser un anfiteatro. Para ello realizó una gran zanja, con el permiso del propietario del terreno, lo más centrada posible, buscando los dos sentidos –lo ancho y lo largo-, para llegar a la elipcidad y después de 4 meses –por cierto Carmona pasó por una fuerte epidemia de cólera en ese tiempo- y gracias a su “cabezonería”, confirmó que se trataba del anfiteatro de Carmo.
Comprobó que el edificio estaba excavado con graderías en la roca, que carecía de arcadas como otros anfiteatros de la cultura romana y que tenía forma elíptica. Desde ese momento y teniendo en cuenta la potencialidad de la Necrópolis y sus muchas otras intervenciones en la comarca alcoreña, el hallazgo del anfiteatro, de alguna manera, se abandonó. Tendrían que pasar casi 100 años para que Dª Concepción Fernández-Chicarro, directora del conjunto arqueológico carmonense, volviera sus ojos hacia el anfiteatro y se comenzara una nueva excavación en él. Se elaboró toda la planimetría del edificio, que se ha conservado y contrastado científicamente, y se interpretó todo lo que se pudo.
Durante todo este tiempo el recinto permaneció cerrado a visitantes hasta que en 2.011 se volvió a hacer una intervención muy modesta limpiando estructuras, buscando puntos de desagüe y buscando, sobre todo, poder datarlo, “comprensible” inquietud de los arqueólogos.
Desde entonces y hasta hoy el edificio se sigue estudiando, con el fin de poderlo interpretar y encajar en su momento histórico, aún a sabiendas que queda mucho por excavar, pero siempre con el planteamiento de responder a los nuevos interrogantes que sobre él se vayan formulando.


ESTRUCTURA DEL EDIFICIO, PARTES, CARACTERÍSTICAS, DATACIÓN, DIMENSIONES, . . .
La planimetría realizada por medio de la tecnología más avanzada del láser nos acerca a un nivel de exactitud importante, pero bastante coincidente con la que ya se disponía de años atrás.
Efectivamente el edificio tiene forma de graderío elíptico, con una Imma Cavea o “zona vip” con asientos, otra Media Cavea y una Summa Cavea, ambas sin asientos, para público de pie.
Los cuatro accesos para el público se encuentran a ambos lados de la galería longitudinal principal del edificio, permitiendo la subida a las cáveas superiores y la entrada a la imma cavea, hacia abajo. Los accesos eran túneles excavados y tenían cuatro cárceles o habitaciones para personal de servicio o bien para alojamiento de luchadores.
En el eje corto, hacia el SE, una “porta libitinaria” serviría como salida para los “despojos” del espectáculo.
La cloaca mide 1,5 m de alto por 0,50 m de ancho, aunque hay que tener en cuenta que han aparecido dos correspondiendo una a la original y otra a una posible reforma posterior. La inclinación del conjunto del graderío es muy baja, unos 17º, cuando lo normal en muchos otros anfiteatros es de 30º.
La aparición de unas “extrañas” huellas en la arena es una de las características del conjunto, porque nos hablan de un escenario complejo, con una tramolla grande, muy posiblemente intercambiable por medio de poleas que técnicamente coincide, por ejemplo, con el anfiteatro de Pompeya. Este estudio realizado por Alejandro Jiménez establece diferencias que le dan un carácter singular. También en la arena se han encontrado marcas de agujeros casi equidistantes, donde se situaría una posible empalizada, con más de 1 m de altura, alejada discretamente del podium, posiblemente para proteger a los espectadores de saltos de las fieras hacia fuera.
Se ha localizado un canal perimetral para la evacuación de aguas hasta la cloaca y desde el centro de la arena parten canales que llevan hasta un habitáculo, el posible alojamiento de las poleas desde donde se movía la tramolla, realizada en madera y peraltada en el centro, para mejor visión de los espectadores.
En el lado NO se ha encontrado una fosa, que puede ser de construcción posterior en alguna reforma, con una trampilla para salida a la arena de algún animal para los espectáculos. El cuadrante central de la arena nos anuncia, pues, una potente tramolla que va a diferenciar este de otros anfiteatros romanos.
Efectivamente, comparando este edificio con el de Pompeya y superponiendo planos, se obtiene una gran similitud. Las líneas de la arena pompeyana no se han investigado, pero estas de Carmona sí y se han podido interpretar con rigor.
El túnel principal y sus accesos laterales, como ya se ha mencionado, apenas rozan los 10º de inclinación –va en ascenso y descenso con muretes en degradación en altura- y por éstos accesos se llega a la media cavea, que, por medio de escaleras pequeñas, se llega a la imma cavea y la summa cavea. Estos accesos, caso de incidente, podrían resultar muy peligrosos a la hora de evacuar el edificio. Para soportar la estructura superior, es decir, la summa cavea, se utilizaría una estructura de madera que terminaría en una fachada que miraría hacia las murallas de Carmo.
Las gradas, muy apretadas, están conectadas entre sí, pero para el caso de la imma cavea sólo se utilizaría por el personal de servicio ya que el acceso a ésta estaba restringido a muy contados ciudadanos. Por cierto esta última dispondría de una toldilla –velarium- lo que impediría ver del todo bien el espectáculo a los espectadores de las cáveas superiores, pero aliviaría la canícula veraniega.
Se podría suponer tuviera una porta triunphalis además de una fossa bestiaria y carecería de praecinctiones, es decir, pasillos de circulación interiores.
En cuanto a las dimensiones se puede decir que medía 400 pies romanos con 100 pies de lado a lado en un rectángulo que marca las partes simétricas del edificio, con una estructura muy simple y en el que buscaron soterrarlo con tres niveles y muros de sillares con el graderío relleno. Así que no tiene parte subterránea y el edificio está totalmente excavado en el suelo.
Aproximándonos a su datación se puede decir que pertenece a los anfiteatros republicanos romanos y que por similitud al de Pompeya, también soterrado, se encajaría hacia el 70 a.n.e., siendo éste último el más antiguo conocido. El aforo sería de aproximadamente 18.350 espectadores distribuídos de la siguiente manera:
Imma cavea: unos 950 espectadores, es decir, el 5% del total
Media cavea: unos 4.600 espectadores, o sea, el 25% del total
Summa cavea: unos 12.800 espectadores, es decir, en torno al 70% del aforo total
Analizando estos datos del aforo nos damos cuenta que para la población de Carmo podría ser excesivo, pero no debemos olvidar que buena parte de los posibles usuarios del edificio lo formarían soldados del ejército romano destacados en la región, atendiendo a las campañas militares.
Los sistemas de circulación del público accediendo por los extremos de la elipse debían traer un riesgo importante en caso de evacuación inmediata, como se ha mencionado anteriormente. No olvidemos que estos edificios públicos romanos son los antecedentes de nuestros campos de fútbol o nuestras plazas de toros, donde las medidas de seguridad también han ido evolucionando (espectadores de estar de pie a estar sentados, mayor número de vomitorios para evacuación del recinto, de estrechos espacios exteriores a amplios espacios para seguridad del público, de fosos de seguridad para evitar invasiones del público al aumento de la distancia al graderío, etc) Para ello baste recordar los anfiteatros de Emérita o de Itálica donde la accesibilidad del público mejoró en seguridad.
En cuanto a las comunicaciones del anfiteatro estas debieron ser bastante buenas: por un lado la proximidad a la ciudad de Carmo por una de sus puertas, la de Sevilla; por otro el estar ubicado al pie de la Vía Augusta y, además, la proximidad con el “camino del Arrecife” –la vía de Los Alcores, desde Carmo hasta Hienipa? y su conexión con la Vía Antikaria-
El edificio debió sufrir reformas de mejora en los siglos I y II, pero a partir del s. III , coincidiendo con el declive económico de la Bética, la crisis del Imperio y con la escasez de organización de espectáculos, comienza su abandono y con mucha posibilidad comenzaría a ser expoliado, principalmente para construcciones funerarias, no olvidemos que gran parte de la zona ya estaba dedicada a tumbas de incineración e inhumación desde la primera mitad del s. I a.n.e. El s. IV pudo ser el del abandono definitivo.

RESUMIENDO
El Anfiteatro romano de Carmo pertenece al conjunto de los anfiteatros republicanos, entre los que se encuentran el de Pompeya, Nola, Paestum, … y ocupa la 7ª posición en cuanto a dimensiones y capacidad. Su descubridor fue Jorge Bonsor, en 1.885
En su construcción prefirieron excavar a construir en altura; es una estructura soterrada
Este anfiteatro está vinculado a usuarios ciudadanos de Carmo y poblaciones cercanas, soldados de las legiones romanas y veteranos de guerra (Contexto bélico)
Al ser un anfiteatro muy similar al de Abela en ambos se debió utilizar un elipsógrafo para su construcción
Las huellas existentes en la arena reflejan los juegos que debieron practicarse en él; en ningún momento las naumaquias o juegos náuticos. Dispuso de una potente tramolla peraltada, realizada en madera, para mejor visión del espectáculo
Está diseñado desde los límites hacia el exterior. Tiene dos fases diferentes de construcción con diseños geométrico y elíptico. Es un óvalo de 4 focos dispuestos de fuera adentro
Habían espectadores de pie y otros sentados
Su construcción fue anterior a la de la Vía Augusta a su paso por Carmo, evidenciado por la curva que hace esta para evitar el edificio
Forma parte de la red de anfiteatros de Hispania (Tarraco, Emporiae, Segobriga, Carthago Nova, Legio, Augusta Emérita, Bobadela, Itálica, Astigi, Corduba, …) siendo el más antiguo de todos y el de mayor capacidad en función de los habitantes de la ciudad. Se podría datar hacia la primera mitad del s. I a.n.e.
Posee un graderío simple para una capacidad grande de público
La Bética, a la que perteneció Carmo, fue un emporio económico (Aceite, vino, pescado, gárum, metales, …) que, desde el gran puerto de Hispalis –recordemos tuvo un gran templo dedicado a Isis- se distribuían a Roma y otros puntos del Imperio, todo ello desde el s. II a.n.e hasta el s. II, por lo que esta provincia romana aglutina el más alto número de anfiteatros de toda Hispania, y, gran parte de ellos, en zonas próximas al Guadalquivir (Sin ir más lejos, el 90% de los restos de vasijas del monte Testaccio –Roma- proceden de la Bética, lo cual es un indicador muy evidente)
Por los restos encontrados en algunos pozos del recinto en las últimas intervenciones arqueológicas, el material lo constituían arenas, trozos de rocas calcarenitas y estucos. Ello nos lleva a pensar que debió estar decorado con estucos –no se conoce qué tipo de decoración (figurativa, geométrica) ni los colores- a lo largo de todo el podium, al modo de los encontrados en otros anfiteatros de la misma época
Con la aplicación del georradar se ha podido comprobar la similitud en planimetría, estructuras y características con otros anfiteatros de la misma época de construcción
Como el trabajo de los arqueólogos va, en muchas ocasiones, de leer las “ruinas” e interpretarlas hasta llegar al “plano” del que lo construyó y la datación a la que corresponde, el estudio realizado en este anfiteatro carmonense, ha seguido estos pasos aún sabiendo que queda mucho por conocer de él.

AGRADECIMIENTOS
El que suscribe, socio de la Asociación de Profesores para la Difusión y Protección del Patrimonio Histórico “BEN BASO” de Sevilla y, al mismo tiempo socio de la A.C. “FUENTE DEL SOL” de El Viso del Alcor, agradece a D. Alejandro Jiménez, Arqueólogo del Conjunto Arqueológico de Carmona sus didácticas y esclarecedoras explicaciones acerca del Anfiteatro de Carmo y al Director de este magnífico conjunto, D. Ignacio Rodríguez Temiño por acoger en aquella fresca mañana de diciembre de 2.016 al numeroso grupo de personas interesadas, entre los que me encontraba yo, y haber conseguido financiación para hacer posible esta actividad.
Al mismo tiempo quiero agradecer a los lectores de estos apuntes tres cosas: que lo lean con afán de aumentar su interés por el Patrimonio, que su crítica sea lo más constructiva posible y que tengan en cuenta que son unos apuntes, con aportaciones propias, que, sin duda, contendrán errores de interpretación. A tod@s, gracias.

El Viso del Alcor, 29 de diciembre de 2.016

José Luis Yuste Morales






Etiquetas: , ,

01/02/2017 19:35 fuentedelsol Enlace permanente. NOTICIAS No hay comentarios. Comentar.


Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris