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ASOCIACIÓN CULTURAL FUENTE DEL SOL

VISITA GUIADA A OSUNA

VISITA GUIADA A OSUNA

La Asociación Cultural Fuente del Sol organiza una visita guiada a Osuna para el próximo domingo 28 de octubre.

La visita será muy completa para conocer la antigua Urso, ilustrada en todo momento por una experta guía local.

El itinerario de la visita será el siguiente:

Explanada de la Universidad: Introducción histórica y explicación de los distintos asentamientos que ha tenido Osuna, yacimientos íberos y romanos, fortaleza medieval, época moderna y el rompimiento de la muralla en el siglo XVI hasta situarse en la zona más baja en la que se encuentra actualmente.

Universidad: sobrio ejemplo de arquitectura Renacentista. Con acceso los días lectivos y en compañía de los Guías Locales.

Colegiata: Interesante ejemplar del Renacimiento que se alza en el centro de la colina que domina la población. Guarda magnífica colección de lienzos de José Ribera “El Españoleto”, talla de Juan de Mesa, retablos de Juan Guerra, Zamora, obras de pintores flamencos... .... Además de la Colegiata, propiamente dicha, tenemos en el mismo edificio el Museo de Arte Sacro, la Capilla, el patio del Sepulcro y el Panteón Ducal.

 

Monasterio de la Encarnación. Convento de clausura, abierto para visitas turísticas, que está considerado un auténtico museo de cerámica, donde se pueden admirar azulejos sevillanos del s. XVIII, obras de la escuela de Alonso Cano, Francisco Meneses...

 

Museo Arqueológico. Torre almohade que alberga restos encontrados en la localidad, algunos de las cuales son obra cumbre del arte ibero.

 

Panorámica de la localidad: Plaza Mayor, Carrera, San Pedro, Sevilla, la Huerta....donde se podrá observar el conjunto armonioso de las edificaciones, en su mayoría del s. XVIII, que constituyen las principales arterias de la ciudad.

 

La salida será desde la parada junto al Bar Jamón a las 8 y media de la mañana (hora nueva, pues en dicha madrugada los relojes han retrocedido sesenta minutos)

 

El precio de la visita para un adulto será de 15 euros. Dicho precio incluye:

  • Viaje en autobús.
  • Guía local.
  • Entradas a monumentos (Colegiata, Museo Arqueológico y Monasterio de la Encarnación)

 

También se incluye la posibilidad de reservar el almuerzo por 10 euros adicionales.

 

El regreso a El Viso será a las 7 de la tarde, aproximadamente.

 

La compra de los billetes se pueden realizar en:

 

  • Avenida de la Paz, 26 (frente al supermercado Rosario)
  • Avenida de Andalucía, 41 (junto a la papelería Elbera)

 

Los teléfonos de contacto son:

  • Marco A. Campillo (Presidente de la Asociación): 630.606.914
  • José Manuel Santos Burgos (Secretario de la Asoc.): 620.834.221

 

 

En definitiva, una buena oportunidad para conocer a fondo Osuna, una de las ciudades más bellas de la provincia de Sevilla.

 

 

 

EL PÓSITO DE EL VISO DEL ALCOR

EL PÓSITO DE EL VISO DEL ALCOR

 

                                                            

1.-INTRODUCCIÓN

 

El Pósito es un establecimiento o almacén de cereales que tenía como objetivo proporcionar trigo barato al pueblo en años de carestía. Es a  finales del XV y comienzos del XVI cuando podemos documentar la aparición en Andalucía de estos establecimientos, es el caso de los de Jerez (1470) y Écija (1505) o el de  Marchena  en 1527.También podemos mencionar el caso del Pósito de Sanlúcar de Barrameda y Utrera (1531 y 1534 respectivamente).

Los Pósitos  actuaban como entes que, de alguna manera, regulaban los precios, sirviendo además como almacén o reserva  de granos en épocas adversas. Por otra parte podemos advertir en la creación de los Pósitos una función de carácter crediticio, dado que prestaban semillas a los agricultores en época de siembra; este préstamo se satisfacía, en época de la recolección, con  creces o intereses que  era de un 4,16%, queriendo evitar con ello que la labranza cayese bajo los prestamistas y usureros.

A  lo largo del XVIII los Borbones llevarán a cabo una serie de reformas encaminadas a evitar los abusos y la mala gestión que de los Pósitos, sobre todo los de carácter municipal, se hacía  dado que estos establecimientos fueron utilizados por las oligarquías locales. En la Real  Provisión dada por  Felipe V en Madrid  el 19 de octubre de 1735 se regula el repartimiento de los granos de los Pósitos con la condición de que no sean deudores.

Con la llegada del siglo XIX los Pósitos se sumieron en la ruina, entre otras cosas debido a las sacas que llevaron a cabo los franceses y los no franceses, amparados por el caos del  momento. Esto provocará que  en 1838 se perdonasen y declarasen extinguidos todas las deudas  contraídas por estas instituciones con anterioridad a 1814, hecho que sin duda alguna vino a dar un respiro a los maltrechos establecimientos que tuvieron que hacer frente en 1836 a un anticipo de seis millones de reales para los gastos de guerra, dineros que nunca se les reintegró. Este hecho va a provocar la fundación de los denominados Bancos de Labradores, para lo que se enajenaron las fincas pertenecientes a los Pósitos; a este respecto hemos de decir que en septiembre de 1842 ya estaban creados, entre otros, los de Dos Hermanas y el Viso.

 

2.-EL PÓSITO DE EL VISO DEL ALCOR

 

Las primeras referencias que tenemos del Pósito de El Viso datan de julio de 1616, fecha en la que el Cabildo decidió, dada su antigüedad, construir un nuevo edificio que diera cabida a las Casas Consistoriales, Pósito y  Cárcel. La decisión del Cabildo fue confirmada por el Señor del lugar que dio los permisos oportunos el primero de agosto del mismo año. Solventado el problema, el Cabildo acordó comprar una casa  junto al recién construido, en parte, convento de mercedarios del Corpus Christi. Nos consta que dicha compra no llegó a realizarse pues los frailes habían pensado añadir las casas aledañas al convento a un pequeño huerto, anejo al mismo, que en estos momentos se estaba formando junto al recinto conventual. Teniendo en  cuenta que los frailes gozaban de la protección del Señor y que las finanzas del Cabildo no eran las más adecuadas, el Cabildo no tuvo más remedio que desistir y construir o rehabilitar el viejo Ayuntamiento en la plaza pública. Tenemos constancia, en el último cuarto del siglo XVII, de la existencia de dos Pósitos. Como es muy escueta la documentación sobre el hecho, no podemos emitir juicio en referencia a si se trataba de un hecho excepcional, motivado, entre otras cosas, por un excedente de granos, o por, el contrario, realmente estamos hablando de la existencia de dos establecimientos. En la segunda mitad del XVIII (1757) se construyó un nuevo edificio en la entrada de la calle Real, junto a lo que hoy es  plaza del Ayuntamiento, entonces plaza de Abajo. El nuevo Pósito “se fabricó en el año 1757 de cabida 4.000 fanegas de trigo en una sola cuadra con separación para la asistencia de los interventores”. Esta fecha viene a coincidir con la del contrato firmado el 3 de junio de 1757 por el maestro albañil, natural de El Viso y vecino de Sevilla, José Trigo  y en el que se exponen las condiciones de la construcción del nuevo edificio,que se construyó sobre un solar de 123 metros cuadrados aproximadamente. Para llevar a cabo esta obra era necesario derribar algunas tapias y el testero de las Casas Capitulares “para la buena unión de la obra”. Los cimientos del edificio tenían una profundidad de dos varas, siendo los mismos de piedra y hormigón pisado a tres manos de pizón. Una vez terminada la cimentación se levantaría un banco sobre el perímetro del edificio en el que se dejaron huecos para la ventilación y comunicación de los empalomados.

Una vez completado el banco que tenía la función de impedir la entrada de humedades en el edificio se construyeron las paredes a base de paramentos de ladrillo visto entre los que se insertaba encajonados de piedra separados entre sí por hiladas de ladrillo.

El interior del edificio se estructuró a base de dos líneas en la que se construyeron tres pilares sobre los que cabalgaban arcos de medio punto que servirían para sostener la techumbre, toda de madera de Flandes que se cubriría con teja.

Por lo que respecta a los huecos se construyeron cuatro ventanas con sus pertinentes rejas, rejillas y puertas. Las puertas de la calle debían de tener dos varas de ancho y tres de alto. Por último, una vez igualado el terreno se harían los empalomados que  debían de tener un pie de altura. Sobre el empalomado se colocaría la solería, de ladrillo raspado, dejando dos escalones en la puerta de la calle, de ladrillo de rosca. El precio de la obra  se estipuló en 20.000 reales y el tiempo estipulado para su construcción el de cinco meses.

Las condiciones de pago estipuladas entre el maestro albañil y el Concejo de la villa, que es la entidad que se compromete a satisfacer el pago, quedaron establecidas de la siguiente manera:

  • 6.000 reales, al comienzo de la obra.
  • 6.000 reales, cuando la obra estuviese en su fase intermedia.
  • 5.000 reales, al enmaderar.
  • 3.000 reales, al finalizar la obra.

Años después, en 1774, dado que el establecimiento quedaba pequeño, se llevó a cabo  una ampliación del mismo, quedando el coste de la obra estipulada en 18. 225 reales.

Este nuevo Pósito podemos encuadrarlo en la arquitectura academicista propia de este período, caracterizándose por ser un edificio de “sobrias líneas”.

En 1810 los franceses lo asaltaron e incendiaron parte de su archivo, o más bien por aquellos a los que no le interesaba la pervivencia de tales libros y aprovecharon la coyuntura para hacer desaparecer la documentación y, de paso, las deudas. En septiembre de 1842 el Pósito se convirtió en Banco de Labradores. En este período en los almacenes se dejó de guardar el grano, permitiéndose el almacenamiento en graneros privados. Ante esta situación, y para obtener beneficios la junta directiva del referido Banco, decide  alquilar por dos años “el local que sirvió de paneras al pósito de esta villa, situado en la calle Real número tres...dicho local pertenece al Banco, como  propiedad que fue del citado pósito  [...]Que teniendo en cuenta que el ya referido local se edificó para meter y conservar los granos, la construcción de él es más a propósito para este objeto y por tanto la junta al arrendarlo lo destinó con ese fin”. El patrimonio  del Banco de Labradores era en 1865:

-         Casa panera o Pósito.

-         Una estacada de olivar en el pago de la Asomadilla y otra en el de Cantosales.

-         El huerto de la Muela.

-         Una casa en la calle Bajada a la Vega, antes Cantarranas (actual calle Tren). Casa que, con posterioridad, se añadiría al que ahora denominamos como Ayuntamiento en 1939.

 

 

                                                                     José Ángel Campillo de los Santos

De la ubicación de la necrópolis orientalizante de La Santa.

De la ubicación de la necrópolis orientalizante de La Santa.

 

1. Don Jorge Bonsor, arqueólogo e inglés.

Partamos de un dato del todo incontrovertible: Don Jorge Bonsor fue una persona sumamente ordenada, minuciosa, y hasta perfeccionista. Considérese, con algo de sana ironía, que antes que arqueólogo fue todo un inglés (también llevaba la grandeur francesa en sus venas), amante de la formalidad, de la puntualidad y del trabajo metódico. Que valgan como prueba indiscutible de esto último, las anotaciones que el estudioso realizara en los cuadernos de campo que escribió cuando acondicionó el Castillo de Mairena. Dichos cuadernos han sido magníficamente publicados por la Diputación de Sevilla bajo el nombre de El Castillo de Mairena del Alcor. El Legado de Jorge Bonsor y Dolores y Simó. Leamos un fragmento del texto:

 

El tiempo es magnífico esta mañana. El trabajador Manuel Méndez llamó a la puerta 12 minutos antes de las 6, es su defecto, ¡viene siempre demasiado pronto! Se le ha hecho esperar sin abrir hasta las 6.

 

Se sigue hoy despejando el suelo de la plaza de armas (del Castillo) de donde salen tantos materiales.

 

            Debo a Manuel Méndez:

 

            Lunes 8

            Martes 9                          3 días a 1,75=5.25            pagado

            Miércoles 10

 

            4 días a Rafael a su cuenta:

 

            Jueves 11, 12, 13, 14 a 2,50 = 10 pagado

 

            Como vamos a comprobar, en sus cuadernos no solo recogía preciosas informaciones relativas a las obras de acondicionamiento del Castillo -para las que incluso realizó detallados croquis de incalculable valor-, sino que registraba todos aquellos datos sin los cuáles no podría haber fiscalizado hasta el último céntimo que salía de su bolsillo; todo quedaba plasmado, negro sobre blanco, en base a los criterios de rigurosidad, orden y precisión. Aunque en algún momento pudiera haber cometido errores, que los cometió (ténganse en cuenta sus posibilidades económicas y las limitaciones técnicas propias del momento), su intención era la de no dejar nada al azar. Era un auténtico tiquismiquis. Resulta lógico, pues, que a la hora de cumplir su cometido como arqueólogo y estudioso de la Historia, fuera igualmente perfeccionista y siempre pretendiera sistematizarlo todo participando de las más altas cualidades de la Ciencia, tan ajenas al mundo de la arqueología española del momento. Sus cuadernos son, por lo tanto, un reflejo de su personalidad, pero también de su método científico. Gracias a ellos, hoy podemos delimitar, con cierta precisión, los límites de la muy célebre necrópolis prerromana de Santa Lucía. Si este señor jamás hubiera visitado nuestras tierras, otro gallo hubiera cantado.

 

2. Lo que sabíamos sobre la necrópolis orientalizante de Santa Lucía: las noticias de Bonsor.

 

Sobre la localización del yacimiento que nos va a ocupar de aquí en adelante, dado a conocer por nuestro autor como de Santa Lucía, podemos leer en su célebre Las colonias agrícolas prerromanas del valle del Guadalquivir lo siguiente:

 

            Entre Mairena y El Viso del Alcor, muy cerca de la Ermita de Santa Lucía se encuentra un grupo importante de monumentos funerarios compuesto por catorce motillas cuyas alturas oscilan entre 1.50 m. y 6 metros.

 

Muy cerca de la Ermita de Santa Lucía… No solo mencionó dicha construcción, enclavada en un pago muy querido por visueños y maireneros, sino que Bonsor nombró concretamente el Olivar de los Toruños, propiedad de Don Elías Méndez, como el lugar donde se encontraban los túmulos que deseaba excavar. Solo nos quedaba, por lo tanto, identificar dicho lugar para poder trazar, más o menos, el perímetro de un yacimiento, no lo olvidemos, muy cercano al entorno de La Santa (así se la conoce por estos lares).

 

Para llevar a buen puerto esta empresa, nosotros nos apoyamos en las informaciones que Bonsor nos dejó sobre la localización de otra necrópolis orientalizante visueña, que él asoció al yacimiento de La Tablada: El Raso de Chirolí. Ésta, a diferencia del área cimiterial que nos ocupa, si puede ser localizada con relativa facilidad, a través de las informaciones que Jorge Maier publicó en su obra Jorge Bonsor, 1855-1930: Un Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia y la Arqueología española:

 

En un terreno ubicado entre dos plantaciones de olivos; en lo alto de la cuesta, a más de 200 metros antes de llegar a las primeras casas del Viso y viniendo de Carmona, a la izquierda de la carretera. Grupo de siete motillas”.

 

Atendiendo a tan preciosos y precisos datos, y considerando la trama urbanística de El Viso de principios del siglo XX, podemos suponer que necrópolis tan impresionante estaría situada, más o menos, dentro del espacio comprendido entre las actuales calles Corredera (Norte), Adriano (Sur), San Laureano (Este) y Trajano (Oeste), que es donde se encuentra la parte alta de la cuesta referida. Lástima que el ulterior crecimiento urbanístico de nuestro pueblo engullera para siempre un yacimiento, que de poder haber sido excavado de nuevo, seguro que nos hubiera deparado muy gratas sorpresas.

 

La ubicación de esta necrópolis resultaba de capital importancia a la hora de situar en el espacio a la de La Santa. ¿Por qué? El muy tiquismiquis Bonsor nos dice que ambas se encontraban más o menos a igual distancia del yacimiento de La Tablada: una, ubicada al Este del núcleo de poblamiento orientalizante (Raso), y la otra, al Oeste (La Santa). Si el contexto arqueológico de Raso de Chirolí teníamos que situarlo a poco más de un kilómetro del punto más alto de la mesa de Tablada (en concreto, del vértice geodésico), ¿por qué nos empecinábamos (yo mismo, en mi obra El Viso antes de El Viso. Una introducción a la Prehistoria, la Protohistoria y la Historia Antigua) en situar la necrópolis de Santa Lucía en el entorno de la actual raya del término entre El Viso y Mairena, que no dista ni trescientos metros de dicho lugar? ¿No se encontraban más o menos a la misma distancia de La Tablada? ¿No estaríamos haciendo algo tan visueño como acercar demasiado el ascua a nuestra sardina? Empezaban a aflorar dudas más que razonables. Pero entonces, no nos dábamos cuenta de nuestro error.

 

Tirando de lógica deductiva, y sin más datos que los anteriormente ofrecidos, procedimos a demarcar, muy por lo alto, el espacio que, hacia el Oeste, estaba más o menos a un kilómetro de distancia de La Tablada, y no muy lejos de la ermita de Santa Lucía. Para ello se descartaron todos los lugares no relacionados visualmente con La Tablada, dado que en las necrópolis orientalizantes de la comarca de Los Alcores, las ciudades de los vivos suelen estar a la vista de las ciudades de los muertos, y viceversa. ¿El resultado? El Olivar de los Toruños del señor Elías Méndez tendría que estar en término de Mairena del Alcor, dentro de un perímetro delimitado por el entorno del Camino de Zapata (Norte), entorno del escarpe (Sur), el entorno de las lomas que lindan con el lado oriental de la abandonada fábrica de ladrillos (Este), y el cercado de cipreses del Olivar del Sonido (Oeste). Todo este espacio es divisible desde La Tablada, y dista entre 700 y 950 metros de dicho yacimiento (tomando con referencia el vértice geodésico de Tablada). Ni por asomo se nos ocurrió acercar el límite Norte del yacimiento a La Trocha, pues nos parecía un lugar excesivamente distante del entorno de Santa Lucía. Después comprobarán que nos equivocábamos, aunque no por mucho.

 

Todas nuestras hipótesis de trabajo, basadas en los datos que nos legara Bonsor, apuntaban en dirección a Mairena. Eso era del todo indiscutible. Aunque la existencia de lagunas en la argumentación de nuestra teoría era más que evidente. Precisamente por ello, recurrimos a los textos de Cañal, con el objetivo de fundamentar más sólidamente nuestras algo peregrinas observaciones.

 

3. Las noticias de Don Carlos Cañal.

 

Este autor, contemporáneo de Bonsor, escribió una maravillosa obrita titulada Nuevas exploraciones de yacimientos prehistóricos de la provincia de Sevilla. Una auténtica joya, sobre todo, para todos los que hemos intentado situar la necrópolis que desde hace tanto tiempo nos ha venido trayendo literalmente de cabeza. Permítasenos que insertemos algunos fragmentos de lo que, sobre La Santa, relató Cañal:

 

            El otro yacimiento, digno de ser estudiado detenidamente, es el que se encuentra en el olivar de los torunos de Santa-Lucia (1), propiedad del Sr. Méndez, donde han sido abiertos cinco túmulos, quedando aún diez ó doce por explorar; uno de éstos alcanza dimensiones considerables (fig-. 17), y en todos ellos ha recogido multitud de vestigios prehistóricos el infatigable arqueólogo Mr. J. Bonsor, residente en Carmona. Los terrenos conocidos con el nombre de Santa Lucia están situados á la mitad del camino que une á Mairena con el Viso.

 

            (…) Al pié de la colina en donde se encuentra la necrópolis descripta hállanse las llamadas cuevas de Santa Lucia, que, en realidad, no son más que unas oquedades, abiertas acaso por el hombre en lejana fecha, pero en las cuales no se ha recogido, que sepamos, objeto alguno que proceda de los tiempos prehistóricos.

 

            Amén de la aportación de datos tan preciosos, como los dibujos de alguno de los túmulos de La Santa y las magníficas descripciones de los objetos hallados en ellos, Cañal nos dejaba otra maravillosa serie de pistas sobre la ubicación de nuestra necrópolis. Repitamos de nuevo un fragmento del texto, que nos resultó del todo revelador: “Al pié de la colina en donde se encuentra la necrópolis hállanse las llamadas cuevas de Santa Lucía”. Dichas cuevas, sitas nada más y nada menos que a los pies de la necrópolis, aún son visibles en la parte alta del escarpe. Se encuentran exactamente en pleno término municipal de Mairena del Alcor, a unos 800 metros de La Tablada, o lo que es lo mismo, más o menos a la misma distancia que el Raso de Chirolí. Si la colina se desarrollaba en lo alto de dichas cuevas, ya teníamos más argumentos aún para defender el acotamiento que demarcamos previamente, pues dicho perímetro coincidía, en su lado meridional, con el punto donde se encuentran las cuevas de “La Santa”. Para más inri,  Cañal nos decía “Los terrenos conocidos con el nombre de Santa Lucia están situados á la mitad del camino que une á Mairena con el Viso”. ¿A la mitad del Camino de Zapata o de La Trocha? Nosotros ya habíamos apuntado el Camino de Zapata, pero como supuesto límite Norte del yacimiento. Por cierto, los tramos medios de dichos caminos, se encuentran bastante alejados del término municipal de El Viso del Alcor. A unos 800 metros de La Tablada. Más o menos a la misma distancia que separaba a ésta del Raso de Chirolí (permítasenos esta recurrente comparación, pues juega un papel no poco importante en el fundamento de nuestra teoría).

 

Parecía que el círculo se iba cuadrando: nuestra necrópolis tendría que ubicarse en un perímetro limitado por el Camino de Zapata (Norte), entorno del escarpe (Sur), el entorno de las lomas que lindan con el lado oriental de la abandonada fábrica de ladrillos (Este), y el cercado de cipreses del Olivar del Sonido (Oeste). Pero todavía carecíamos de los documentos definitivos, de una serie de textos e ilustraciones, que sabíamos que el metódico Bonsor debió haber realizado mientras excavó el Olivar de Los Toruños. Ahora, con la publicación de El Castillo de Mairena del Alcor. El Legado de Jorge Bonsor y Dolores y Simó, donde se nos ofrecen los contenidos íntegros de dos de esos cuadernos,  poseemos la mayor parte de los datos necesarios para determinar con mayor precisión, casi todo lo relativo a la localización exacta de la necrópolis de La Santa. Como verán, la hipótesis que habíamos mantenido hasta la publicación de dicha obra, tuvo que ser revisada íntegramente al socaire de las nuevas informaciones conocidas.

 

4. La localización de la necrópolis orientalizante de Santa Lucía a la luz del estudio de los cuadernos de trabajo de Don Jorge.

 

Vayamos al grano. En el cuaderno de excavaciones y trabajos de restauración del Castillo de Mairena del Alcor, escrito por el anglo-francés entre 1903 y 1904, podemos leer todos los datos que aquel recogiera en relación a las excavaciones que llevara a cabo en el Olivar de los Torruños (así aparece escrito en estos cuadernos), y no solo, para la SFFA (Société Francaise de Fouilles Arquéologiques). Veamos dos de los fragmentos más interesantes, para así empezar nuestra particular disección:

 

            1. El Olivar de los Torruños está situado a poca distancia de la Raya del término del Viso, entre dos caminos viejos que van del Viso a Mairena.

 

2. Hacia las 10 Rafael P. y yo fuimos a dar una vuelta por las alturas próximas a La Tablada, el emplazamiento del antiguo poblado; el examen del suelo, plantado actualmente de olivos no nos indicó nada. La necrópolois pre-romana está, no cabe duda, donde estamos ahora trabajando, el olivar llamado “Olivar de los Torruños”.

 

Hay en este olivar dos necrópolis bien distintas  (…).

 

Primera novedad: según estas anotaciones, El Olivar de los Torruños acogía no una, sino dos necrópolis prerromanas. Estas las debemos enmarcar en horizontes culturales distintos: una, del periodo orientalizante, estaría compuesta por quince túmulos de inhumación y de incineración; otra, que Bonsor define como celto-púnica (la desconocía cuando escribió Las colonias agrícolas prerromanas del Valle del Guadalquivir) , y que hoy sabemos turdetana, estaría compuesta por varios fosos, directamente excavados en la roca, contenedores de urnas funerarias. ¿Pero adónde estaban? Según hemos podido leer anteriormente, no estarían lejos de la raya del término entre El Viso y Mairena, pero no en las inmediaciones de La Tablada: los olivares cercanos a “el emplazamiento del antiguo poblado”, de cuya existencia aún existen evidencias en el pago del Cañalizo (Olivar del Rosca), no mostraban rastro arqueológico alguno que indicaran que su suelo albergó necrópolis de ningún tipo. No olvidemos que El Olivar de los Torruños estaba muy cerca de la Ermita de Santa Lucía (Mairena) y no por donde El Cañalizo (El Viso). Por lo tanto, tenemos que alejar el ascua de una sardina, que parece ser mairenera. ¿Pero a qué distancia estaría el yacimiento del entorno de La Tablada? ¿En qué punto en concreto estarían plantados los olivos de Don Elías Méndez? La cosa no es tan sencilla…

 

En la página 94 del cuaderno de Bonsor, tenemos un maravilloso croquis con información relativa a la distribución de las necrópolis y a las diferentes estructuras funerarias existentes dentro de ellas. Lo peor de todo es que carecemos de una escala métrica, de una serie de referencias que nos permitan establecer la distancia existente entre la raya del término Viso-Mairena y las necrópolis, o la existente entre estas dos. Pero no tenemos poca cosa. En dicho croquis se sitúa, de una manera muy clara, la posición de las dos áreas cimiteriales respecto a La Tablada: ambas se encuentran al Oeste: la necrópolis orientalizante, al Noroeste; la necrópolis celto-púnica (turdetana), algo más al Suroeste. Pero esta última está mucho “Mas próxima a La Tablada y a la izquierda del camino que lleva desde la fuente pública de Mairena llamada (del Alconchel) a la del Viso bajo La Tablada llamada…”. Dicho camino es el de Zapata, cuyo entorno definimos previamente como límite Norte del Olivar de los Torruños. Sin embargo, parece claro que, en cambio, es el límite meridional de dicho olivar, en tanto en cuanto, allí se situaba la necrópolis situada más al Sur. Valga otra puntualización de Bonsor, para confirmar esta afirmación: “lo hemos encontrado (el cementerio turdetano) en el mismo olivar de Elías Méndez, en la extremidad del lado de la vega cerca de un viejo camino del Viso a Mairena”. Es decir, al Sur. Pues el otro camino, el que ahora conocemos con La Trocha, no está precisamente cerca de la Vega.

 

Podemos definir, pues, el límite meridional del perímetro del Olivar de los Torruños, pago cuya extensión no alcanzaba, al Este, las inmediaciones de la raya del término entre El Viso y Mairena (no lo olvidemos, de cara a establecer cual sería más o menos el límite oriental del yacimiento). A pesar de todo, parecía que no podíamos saber con precisión, en base a los datos que teníamos a nuestra disposición, a qué altura del Camino de Zapata se hallaría la necrópolis turdetana. Pero sigamos ahondando en nuestros planteamientos.

 

Algo más al Noroeste de la necrópolis turdetana, o sea, por debajo de La Trocha y por lo alto del Camino de Zapata, se encontrarían los once túmulos pertenecientes al olivar del señor Méndez; la mayor parte de los pertenecientes a la necrópolis orientalizante. Como se ha anotado antes, al carecer de una escala métrica o algo parecido, no sabemos exactamente a qué distancia de La Tablada, o de la otra necrópolis (la más oriental), se encontrarían dichas estructuras funerarias. Sin embargo, gracias al estudio de otro croquis existente en la página número 96 de los cuadernos de Bonsor, poseemos unas valiosísimas referencias que nos pueden ayudar a establecer, como mínimo, la máxima expansión hacia el Norte de la necrópolis orientalizante de Santa Lucía. Vayamos por partes.

 

En el croquis de la página 96 se señala la presencia de cuatro túmulos situados a quinientos metros al Noroeste del grupo de once túmulos del Olivar de Los Torruños: la necrópolis orientalizante de Santa Lucía se extendía a lo largo y ancho de dos espacios geográficos bien diferenciados, separados por quinientos metros de distancia. Observando la posición de las cuatro estructuras funerarias reflejadas, podemos comprobar como se encontraban en un espacio, aparentemente extenso, donde La Trocha (llamada a principios del siglo XX Camino del Sonido y Camino del Viso) y la antigua carretera de Madrid (la actual Mairena-Viso) empiezan a acercarse. Entre estas dos vías de comunicación, en los maireneros pagos conocidos a principios del siglo XX como Campo del Calero y Olivar de Don Marcelino Calvo (muy probablemente, el espacio comprendido entre la actual finca de San Francisco y El Ventorrillo) estarían, pues, los túmulos más septentrionales de la necrópolis de Santa Lucía; a unos mil metros del punto más alto de La Tablada. Por debajo de La Trocha, quinientos metros al Sureste de este espacio, más cerca de El Viso, pero siempre en Mairena, se encontrarían los once túmulos restantes, pertenecientes al ámbito del Olivar de los Torruños. Al Sureste de estos, más cerquita del Camino de Zapata, estaría la necrópolis turdetana.

 

Entonces podemos afirmar, a modo de resumen, que (miren el mapa):

 

1.                            La antigua carretera de  Madrid (la actual Mairena-Viso), al Norte, y El Camino de Zapata, al Sur, definen, sin ningún género de dudas, los límites septentrional y meridional, respectivamente, de nuestra inmensa necrópolis. La extensión entre dichas vías de comunicación, dentro de la zona que nos interesa, llega a alcanzar hasta los setecientos metros. Y la distancia relativa a la que deberíamos situarlas respecto a La Tablada, está en torno a los mil metros en el punto más lejano; más o menos a la misma distancia que Raso de Chirolí. Aunque dada la imprecisión relativa con la que Bonsor habla del tema (ténganse en cuenta las limitaciones de la época), y el más que considerable tamaño del yacimiento, tendríamos que ser algo flexibles.

2.                            Los túmulos número 3 y 4, señalados por Bonsor dentro del mairenero Olivar de Don Marcelino Calvo, son las dos estructuras funerarias más occidentales de la necrópolis orientalizante de La Santa. Desconocemos la ubicación de dicho olivar, pero sabemos que se encontraba en las inmediaciones del punto donde La Trocha y la antigua carretera de Madrid empezaban a acercarse. Dicho punto podría corresponderse, grosso modo, con el espacio comprendido entre la finca de San Francisco y El Ventorrillo, que distan más o menos un kilómetro de La Tablada. Como Raso de Chirolí: Bonsor era un tiquismiquis…

3.                            Al Este sabemos que tan extenso yacimiento no llegaba a alcanzar la raya del término Mairena-Viso, y que no estaba en las inmediaciones de los olivares próximos a La Tablada (todo el espacio comprendido entre el Camino del Cañalizo y la raya del término Mairena-Viso estaba plantado de olivos). En este límite oriental, por arriba del Camino de Zapata, y no muy lejos del escarpe que asoma a la vega, tendríamos que situar la necrópolis turdetana. ¿En qué tramo de dicho camino? Siempre al Sureste de la necrópolis orientalizante y, como hemos dicho, más cerquita de la Vega y no demasiado lejos de la raya del término Mairena-Viso.

4.                            Entre la necrópolis turdetana y los cuatro túmulos del Olivar de Don Marcelino Calvo se encontraría el grupo de 11 túmulos del Olivar de los Torruños; por lo alto del Camino de Zapata y casi 500 metros por debajo de La Trocha (dirección Sureste).

 

5. La posible cuadratura del círculo.

 

Para lograr un mayor grado de precisión en el planteamiento de nuestra hipótesis, hemos recurrido al examen de toda la cartografía y la documentación histórica que hemos podido consultar. Nos referimos, sobre todo, a los distintos mapas del Instituto Geográfico y Catastral (sobre todo, los de 1948, dado que las versiones anteriores no aportaban gran cosa), al Mapa de Andalucía 1:50.000 del Estado Mayor de Ejército Alemán (1940-1944), y a las ortofotos del suelo español que el ejército norteamericano hiciera en 1956. De ninguna de las maneras hemos logrado localizar el Olivar de los Torruños, el Olivar de D. Marcelino Calvo, o el campo labrado del Calero, con “nombre y apellidos”; ya fuere porque sus nombres cambiaron a lo largo del tiempo pasado (entre cuarenta y cincuenta años), ya fuere porque tampoco se mantuvieron los usos de la tierra, y lo que fue olivar se convirtió en campo de labranza, y viceversa. Pero no estábamos perdidos, pues al margen de los datos que ya hemos aportado, poseíamos el precioso croquis de la página 96 del cuaderno de Bonsor, donde se nos indicaba adónde se encontraban el Olivar de D. Marcelino Calvo y el campo labrado del Calero. Pues bien, hemos procedido a superponer dicho croquis a la imagen antigua con mayor resolución que tenemos en nuestro haber, que es la ortofoto americana de 1956. ¿El resultado? Si nos fiamos de la pericia de Bonsor en el manejo del lápiz (su formación inicial era de pintor), hemos de concluir que el espacio por él señalado coincidía con el que actualmente se encuentra entre la mairenera finca de San Francisco y El Ventorrillo. Este punto dista entre 1.000 y 1.300 metros del vértice geodésico de La Tablada (más o menos la misma distancia que el Raso de Chirolí). Atando cabos, ya tenemos localizado el límite Noroccidental de nuestro yacimiento.

 

Insistamos en esta vía que hemos iniciado. Entre los actuales pagos de San Francisco y El Ventorrillo, estaban los cuatro túmulos que Bonsor señalara dentro de los límites del Olivar de D. Marcelino Calvo y el campo labrado del Calero. Los otros once túmulos de la necrópolis de Santa Lucía (siempre más lejos de La Santa, que no es sino el pago donde se encuentran los restos de la antigua ermita), estaban a 500 metros al Sureste de los anteriores. Buscando en esa dirección, en las ortofotos americanas de 1956, se aprecia con algo de meridiana claridad, un grupo de hasta siete pequeñas y protuberantes estructuras circulares, que parecen destacar en relieve, como si de túmulos se tratase, sobre la superficie de un amplio campo para entonces ya despoblado de olivos. Nos referimos a la finca catastral 8406604TG5480N0001WL localizada en el mairenero PL FUENTESOL Ndup-V Suelo, situada a 200 metros al Norte del Camino de Zapata y a 850 metros al Oeste de La Tablada ¿Estamos ante el antiguo solar de la propiedad de Don Elías Méndez, del Olivar de los Torruños? Como siempre, tendremos que esperar a que la arqueología diga la última palabra. En este sentido, vale la pena señalar que dicho lugar ofrece evidencias de haber sido usado solamente como campo de labranza desde los años 50 del pasado siglo hasta nuestros días. No ha sido urbanizado. ¿Quedarán en el subsuelo algunos indicios de la necrópolis que excavara Bonsor?

 

¿Y la necrópolis turdetana? según esta hipótesis, aquella, que se encontraba situada al Sureste de la anterior, algo por lo alto del Camino de Zapata, y más cerca de La Vega y La Tablada, no podría encontrarse sino a la altura de la actual finca de El Canijo; pues de encontrarse más al Sureste, se saldría del Camino de Zapata y se metería de lleno en el término de El Viso. Y Bonsor dejó muy claro que en El Viso no estaba. Desgraciadamente, este lugar tan cercano a la raya del término, y distante tan solo 650 metros del punto más alto de La Tablada, está actualmente urbanizado, aunque no en toda su extensión. ¿Se podría haber perdido para siempre el límite más meridional de tan extenso yacimiento? Habrá que estudiar la zona.

 

6.  A modo de conclusión.

 

De no aparecer un documento aún más revelador que el que aquí hemos diseccionado, ha de ser la arqueología la que tenga la última palabra. Pero no va a ser sencilla la empresa, considerando que tan solo ha resistido al ritmo frenético de la urbanización, y solo relativamente (en la zona norte existe una edificación), el espacio que hemos señalado para ubicar la mayor parte de los once túmulos del antiguo Olivar de los Torruños: la finca catastral 8406604TG5480N0001WL localizada en el mairenero PL FUENTESOL Ndup-V. Aquí tendría que centrarse, en nuestra humilde opinión, una futura y deseable prospección arqueológica. Y es que, tanto el supuesto entorno propuesto para localizar la necrópolis turdetana, como el indicado para los cuatro túmulos del Olivar de D. Marcelino Calvo y el campo labrado del Calero, han sufrido las consecuencias de una presión antrópica, que cuando no se ha traducido en la radical urbanización del terreno (El Ventorrillo), ha derivado en la remoción intensa de unas tierras que han cambiado varias veces de uso a lo largo de los más de cien años transcurridos entre la excavación de los túmulos y estos días en los que escribimos. Por ejemplo, la finca de San Francisco, supuesto solar del antiguo Olivar de D. Marcelino Calvo, está plantada de naranjos y algún que otro eucalipto; y en toda su extensión, son claros los indicios de haberse desmontado parte del terreno. Al menos en superficie, no hay ni rastro de túmulos en toda la finca. No obstante, aun habiéndose perdido las estructuras externas de los túmulos, no es improbable que aún se conserve en este lugar alguna que otra impronta arqueológica de cierto empaque: ¿no subsistirán en la roca alcoreña aquellas fosas que cubrían los túmulos orientalizantes?

 

            Pero no desesperemos, porque independientemente de la posibilidad de que se haya conservado algo del registro arqueológico de tan interesante área cimiterial (no olvidemos que una buena muestra de los restos hallados por Bonsor, se encuentran a salvo en instituciones tan prestigiosas como la Hispanic Society of New York), sabemos mucho más de lo que sabíamos justo antes de la muy acertada publicación de El Castillo de Mairena del Alcor. El Legado de Jorge Bonsor y Dolores y Simó. No solo podemos y debemos aventurarnos en la nada fácil tarea de ubicar nuestra necrópolis, sino que poseemos magníficos datos en nuestra mano, que nos obligan a replantear toda la problemática específica de un yacimiento cuya interpretación no hace sino complicarse enormemente. Planteemos tres cuestiones que son dignas de ser abordadas:

 

1.      Ya no solo podemos hablar de una necrópolis orientalizante, con posible origen en una anterior área cimiterial del Bronce Final (el enterramiento arcaizante que describiera Cañal). Estamos ante un complejo yacimiento cuya cronología no se agota hasta el periodo turdetano. El estudio de este momento debe servir para completar la secuencia cronológica y cultural de la Protohistoria de Los Alcores.

2.       ¿Es la secuencia cronológica y cultural registrada en la necrópolis un trasunto de la actividad del enorme, e inexplicablemente inexplorado, yacimiento de La Tablada? A falta de una excavación en toda regla, ¿qué podemos decir de la “ciudad de los vivos” partiendo del estudio de la “ciudad de los muertos”?

3.      Dada la enorme distancia existente entre el grupo de cuatro túmulos del Campo del Calero y Olivar de Don Marcelino Calvo y el grupo de once túmulos del Olivar de los torruños, ¿no cabría plantearse si hablamos de dos necrópolis orientalizantes diferentes localizadas en terrenos de Mairena del Alcor? De poderse confirmar, ¿no podríamos otorgar una mayor importancia a un núcleo de poblamiento como La Tablada, que al margen de poseer un supuesto bastión defensivo, ya contaría con tres y no dos necrópolis para el momento orientalizante?

 

Nosotros les dejamos el órdago sobre la mesa.

 

 

 

 

  Juan Antonio Martínez Romero, Ldo. en Historia del Arte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ÁRBOL CAÍDO

Hace unos días al pasar por la carretera que de El Viso va a Brenes, a la altura de la gasolinera del “Bobi”, me percaté que el viejo eucalipto que había junto a la carretera había desaparecido. Sinceramente, no se el motivo de tal hecho, pero supongo que tendrá una explicación lógica y coherente. Lo cierto es que a este árbol, a buen seguro centenario, una motosierra lo ha convertido en leña. Hay que decir que el árbol estaba allí antes que la carretera, la A-8025 que fue construida en los años treinta del pasado siglo con el objeto de paliar el alto número de parados que había en el momento. A lo mejor, años después a nuestros gobernantes se les ha ocurrido ampliar el trazado de la vía con el mismo objetivo, y el viejo árbol suponía un estorbo. Ironías a parte hemos de decir que el eucaliptus, árbol procedente de Australia, ha sido y es un árbol que tiene mala prensa, dado que se le acusa, por ejemplo,  de necesitar gran cantidad de agua, más en una tierra donde no la hay.

Estos árboles llegaron a España, concretamente a Galicia a mediados del siglo XIX, siendo en la posguerra civil cuando se lleva a cabo una nefasta política de repoblación en los castigados bosques españoles. Ésta consistió en la plantación de pinos y, sobre todo, eucaliptos, árbol de rápido crecimiento. La madera de este árbol, nada noble por cierto, se ha utilizado y se sigue utilizando en la elaboración de celulosa,  palés y otro tipo de maderas aglomeradas. En tiempos pasados esta madera servía también para cocer el pan de las panaderías de la zona, sustituyendo al olivo y sus hojas y ramas se aprovechaban en los hornos de las barrerías para cocer la cerámica. La quema de estas ramas y hojas provocaba grandes humaradas negras, por lo que las vecinas de la zona no podían tender la ropa los días en los que se encendían los hornos de “enriquito” o “del lámpara”. Pero otra de las grandes utilidades del eucalipto fue la de utilizarlo como vigas en la construcción. Hemos de ponernos en situación: estamos en los años 40-50, el país estaba pasando una situación económica bastante deplorable, los sueldos eran bastante bajos, los índices de paro bastante elevados y en nuestro pueblo, al igual que en otros muchos, las denominadas “clases populares” debían de acudir diariamente a los comedores de lo que se llamaba “Auxilio Social”. En este complejo entramado socioeconómico la construcción se ceñía más al mantenimiento de las viviendas que a la construcción propiamente dicha. Así, lo que más se mantenía en las casas eran los tejados, esos tejados de teja árabe o de Marsella (muy de moda a principios del siglo XX) a dos aguas y que había que arreglar todos o casi todos los años antes de la llegada de las aguas otoñales. Estas tejas se colocaban sobre maderas planas y largas que eran sostenidas a su vez por pontones (troncos redondos) o por vigas de madera en la mayoría de las ocasiones, o incluso, en las viviendas más modestas por pitones, mucho más livianos y frágiles sobre los que se colocaba un cañizo para sostener la teja. La llegada del eucalipto supuso un cambio a la hora de cubrir los tejados: en principio resultaba más barato comprar pontones de eucalipto que de otra madera, dada su abundancia; en segundo lugar, sobre estas pontones medio devastados, se colocaban ladrillos planos colocados horizontalmente y pegados unos con otro con yeso. Sobre esta estructura se colocaban las tejas; de esta manera el tejado quedaba más limpio y fortalecido. Son formas constructivas que a lo largo de los años sesenta fue desapareciendo dando paso a a la construcción actual, es el caso, por ejemplo, de las paredes que dejan de hacerse a base de tapiales para ser sustituidas por ladrillos de tipo industrial (de gafas).

                   JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS

El blog de la Asoc. Cultural Fuente del Sol supera las 20.000 visitas

El blog de la Asoc. Cultural Fuente del Sol supera las 20.000 visitas

El blog de la Asociación Cultural Fuente del Sol ha superado recientemente las 20.000 visitas, lo cual supone un hito importante.

Nuestro blog http://fuentedelsol.blogia.com/ se ha convertido en un elemento fundamental de difusión de nuestra Asociación. En él hay publicados cerca de 150 artículos, clasificados en distintas categorías:

- Actividades de la la asociación (excursiones, visitas culturales, concursos escolares, Jornadas de Historia,...)

- Noticias relacionadas con la Hª, el Arte o el Patrimonio.

- Artículos variados sobre El Viso y Los Alcores.

- Datos sobre la Asociación,...

Los artículos publicados tienen gran difusión gracias a las numerosas visitas y a la difusión de los mismos a través de facebook (tenemos cerca de 1.000 amigos en esta red social)

Por último, sólo nos queda agradecer a todas las personas que han colaborado de alguna u otra forma en este blog y a todas aquellas que nos han visitado, directamente o a través de facebook.

 

Noticia emitida en los informativos de Canal 12 TV el 08/08/2012.

Pinchar en el logo para ver la noticia

Un visueño, General de la Orden Descalza y Obispo

Un visueño, General de la Orden Descalza y Obispo

Fray Antonio de la Santísima Trinidad nació en El Viso en 1748, y tomó el hábito mercedario en nuestro extinto convento. Este visueño fue hombre bastante cultivado en letras y otro tipo de virtudes. Enseñó Filosofía y fue nombrado Examinador Sinodal del Arzobispado de Sevilla. Sus contemporáneos estimaban de él su prudencia y buen proceder, por lo que era consultado por eximias figuras religiosas de su época, tales como el Cardenal Luis de Borbón y Villabriga, Arzobispo de Toledo y sobrino del Rey Carlos III. Por todo ello fue nombrado General de la Merced Descalza, en cuyo gobierno dio pruebas más que suficientes de ser hombre excepcional, haciendo gala de dos cualidades tan difíciles como la decisión y la paciencia. Incluso cuando fue removido del cargo y fustigado por distintas corrientes en el seno de la propia Orden, mantuvo su talla de extraordinaria persona. Su apreciada valía le reportó el nombramiento como Obispo de Nueva Cáceres (Filipinas, que por entonces aún era colonia española), pero no llegó a tomar posesión de su cargo. Falleció en el convento de nuestro pueblo en 1829, con 81 años de edad.

            La foto que acompaña a este texto pertenece al fragmento de una carta enviada por Fray Antonio al referido Cardenal. Si la ampliáis (pinchad sobre la misma) podréis ver que está datada en 1809 en Cádiz. Esto es, en plena ocupación francesa, cuando Cádiz fue la única ciudad española no ocupada y acogió a unas cortes españolas de signo liberal. Si Fray Antonio estaba allí en esa fecha, y más tarde, durante el nefasto reinado de Fernando VII, fue hostigado hasta tener que dejar el generalato de la Orden, cabe pensar que nuestro paisano fue uno de los excepcionales clérigos que alumbraron en España el régimen liberal, que, a la postre, acabaría con la monarquía absoluta. Ciertamente, un personaje más que interesante... Y digo yo una cosa: ¿no sería este caso merecedor de que al menos se estudie la posibilidad de dedicar una calle a este ilustre visueño?

                       

 

                                                 Juan Guillermo Bonilla

UNAS MURALLAS TARTÉSICAS Y TURDETANAS INÉDITAS EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPECIALIZADA: LA TABLADA.

UNAS MURALLAS TARTÉSICAS Y TURDETANAS INÉDITAS   EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPECIALIZADA: LA TABLADA.

UNAS MURALLAS TARTÉSICAS Y TURDETANAS INÉDITAS

 EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPECIALIZADA: LA TABLADA.


La Tablada es un yacimiento arqueológico calcolítico, tartésico, turdetano y romano, incluso con posibles elementos neolíticos (son numerosos los fragmentos de piedra pulimentada), situado en el extremo oeste del casco urbano del pueblo sevillano de El Viso del Alcor[1], compuesto por dos partes claramente diferenciadas: la Tablada Baja y la Tablada Alta. En la primera de ellas, se instaló, a principios de los años ochenta del pasado siglo, el recinto ferial, por lo que una parte considerable del yacimiento ha sido sepultado, aunque posiblemente se conserve, pues han sido escasos los movimientos de tierra y no muy profundas las cimentaciones.

 

La Asociación Cultural Fuente del Sol, de la que soy su presidente, es una entidad que trata de estudiar, proteger, fomentar y divulgar el Patrimonio de Los Alcores, para lo que ha realizado un gran número de actividades, entre ellas un estudio metódico y cuidadoso de este yacimiento, centrándose especialmente en la posible existencia de unas murallas, no reconocidas por la historiografía especializada ni por la base de datos del SIPHA (Sistema de Información de Patrimonio Histórico de Andalucía). Los resultados de este estudio inédito se presentaron públicamente a los vecinos y vecinas de EL Viso el 1 de julio de 2010 mediante un amplio y completo montaje audiovisual, realizado por nuestro compañero Vidal Prieto Pineda, con la colaboración de José Manuel Burgos, Francisco Aranda, Ricardo Guerra, Fº Javier Urbano, Blas Jiménez y Marco A. Campillo.

Fruto de estas investigaciones, se ha realizado por parte de Francisco Aranda Jiménez (Tesorero de la Asociación) unas mediciones aproximadas, utilizando  la herramienta SIG PAC (Sistema de Información Geográficas de Parcelas Agrícolas): la superficie de la Tablada Alta es de 7,10 has. En cambio, la superficie total de la Tablada Alta más la Tablada Baja (recinto ferial y barrio aledaño) es de 11,50 has. Por tanto, éstas podían ser, de manera aproximada, las dimensiones reales de esta ciudad protohistórica. Estas dimensiones son frecuentes en el mundo tartésico o turdetano meridional, ya que lo usual son ciudades amuralladas de 10 a 20 has., aunque las hay menores en algunos casos, y otras enormes, que en ocasiones alcanzaron casi las 50 has., como en Hasta Regia (Mesas de Asta, Cádiz), Carmo o Cástulo (Linares, Jaén).

Fernando Amores Carredano en su obra clásica “Carta Arqueológica de Los Alcores” realiza la siguiente valoración del yacimiento en cuestión: “Se trata de un poblado importante, base -con otros- del hábitat del primer milenio a. C. en Los Alcores, como apuntó Bonsor, poblado en altura, bien guarnecido aunque no se aprecian restos de fortificación alguna a simple vista”[2] . Del mismo modo, en otro escrito, sigue negando cualquier tipo de entramado defensivo en la Tablada: “Un segundo tipo estaría representado por Entremalo y La Tablada. Se trata de un emplazamiento dominante, pero no perfectamente estratégico. Por demás, no tienen muralla (las murallas a que hacemos mención son tan espectaculares que, conociendo de antemano su estructura, se observe su existencia o no a simple vista)”[3].

El profesor José Luis Escacena en un artículo sobre las murallas tartésicas[4] enumera y describe un gran número de yacimientos amurallados, pero no hace alusión en este aspecto al yacimiento visueño de la Tablada.

En definitiva, la historiografía especializada de ámbito no local, no recoge el carácter amurallado del  enclave protohistórico en cuestión. No obstante, los laboriosos estudios emprendidos por la Asociación Cultural Fuente del Sol parecen demostrar que la ciudad protohistórica de la Tablada o Tablá estaba fuertemente amurallada, de modo análogo a los poblados cercanos de Gandul o Carmona.

El gran conocedor de la Prehistoria, Protohistoria e Historia Antigua de esta comarca, Fernando Amores Carredano, no incluyó las murallas de la Tablada en su célebre Carta Arqueológica de los Alcores,  pues en los años ochenta del pasado siglo eran poco visibles en un somero análisis superficial, no obstante unos movimientos de tierra realizados  a comienzos de los noventa en el límite occidental de la Tablada dejaron al descubierto una muralla de mampostería en forma de talud[5].

Los primeros vestigios de fortificación los encontramos cuando ascendemos de la Tablada Baja (la construcción en ella del recinto ferial de El Viso destrozó parte del yacimiento) a la parte Alta a través de una pequeña cuesta, frente a la entrada al Parque de la Muela. Concretamente, encontramos varios lienzos, en sentido vertical, conformados por fragmentos de rocas albarizas, con una anchura de 2,20 m. (cuatro codos fenicios). Uno de ellos parece continuar en el borde del actual recinto ferial, en el límite con el Parque antes mencionado, lo que deja entrever que la muralla continuaba por el perímetro de la Tablada Baja.

Otros elementos defensivos los encontramos en lo que pudo ser la entrada al recinto fortificado (claramente visible en las fotografías aéreas), un amplio espacio en forma de V, flanqueado por dos elevaciones del terreno, en los que existe una gran acumulación de piedras de considerable tamaño (podrían ser los restos de dos bastiones defensivos que flanquearían dicha puerta principal). El acceso a la misma se realizaría mediante  una rampa, perfectamente lisa, esculpida directamente en la roca natural, de unos 11,5 m. de anchura. Además, de esta principal, había dos pequeñas entradas “peatonales” (descubiertas gracias a la intuición de dos socios de la Asociación, Armando Rueda y Francisco Aranda) en ambos extremos, occidental y oriental, en pequeñas vaguadas artificiales excavadas por la mano del hombre, con posible acceso escalonado (se conservan restos claramente visibles), lo que nos hace pensar en la existencia de una planificación urbanística, con dos calles principales, que se contaban perpendicularmente, y un trazado en damero, como en el yacimiento del Castillo de doña Blanca en el Puerto de Santa María.

Los flancos de esta entrada están ocupados por los restos de una muralla de unos 2,20 m. de espesor, lo que nos indica una clara delimitación del espacio, “intra y “extra” muros. Este lienzo se afirmaba como defensa,  aún más,  por la fuerte pendiente del terreno. La continuidad de la muralla se hace patente en ambas direcciones, Este y Oeste.

Ascendiendo hacia la cornisa, encontramos restos de una construcción similar a un muro, en una zona escarpada. Procedimos a su medición y volvió a repetirse los 2,20 m. de anchura.

Caminando en sentido Oeste descendemos suavemente hasta llegar al muro occidental de la posible ciudad, el mejor conservado. Está formado por trozos de roca calcarenita, tierra y elementos de desecho (restos cerámicos, huesos,…), todo bien compactado con argamasa, adquiriendo forma de talud o, en algunos tramos, un diseño perfectamente vertical. La altura en las zonas visibles, según las mediciones de Juan Antonio Martínez (socio de Fuente del Sol) es de 5 m. en las zonas más altas y 80 cm. en las más bajas[6].

En definitiva, podemos concluir que toda la Tablada  Alta estaba amurallada por sus cuatro flancos con murallas abancaladas compuestas por mampuestos, con un perímetro de 1050 m., con una finalidad claramente defensiva, pero también por razones de prestigio, ya que la Tablá está aislada prácticamente por casi todos sus lados gracias a la acusada orografía del alcor, lo cual favorecía su defensa.

 

Hipótesis de datación de las murallas de la Tablada.

La presentación de una hipótesis sobre la datación de las murallas de esta milenaria ciudad es una tarea compleja, más si cabe cuando el yacimiento no ha sido excavado sistemáticamente. Sin embargo, utilizando el método comparativo podemos realizar una aproximación.

Fernando Amores Carredano realizó un estudio pormenorizado de las murallas de la antigua Carmo (Carmona) y de Gandul (Alcalá de Guadaira), similares en su estructura, aunque de mayores dimensiones, a las analizadas en estas líneas, realizando una datación aproximada en los siglos X-IX a.C., en la etapa Bronce Final o Bronce III, como defensa ante la llegada de pueblos del mediterráneo oriental[7]. Manuel Bendala denomina a este período, comprendido entre el cambio de milenio y el siglo VIII a.C., fase formativa de Tartessos o Período Geométrico, cuyo elemento más característico son las estelas funerarias de guerreros, símbolos de una sociedad fuertemente militarizada[8], como la hallada en la Hacienda de Cuatro Casas, cerca de Carmona. No obstante, otros autores, como Diego Ruiz Mata, consideran que el fenómeno de Tartessos comienza en torno al siglo VIII a.C., pues no hay evidencias concluyentes de establecimientos fenicios anteriores al 800 a.C.[9] En consecuencia, según esta corriente historiográfica, las murallas de la Tablá no serían tartésicas.

José Luis Escacena, en cambio, lanza una nueva hipótesis, siguiendo un enfoque evolucionista,  defendiendo que las murallas tartésicas son más tardías, a partir del siglo VIII a. C. (en la época culmen de Tartessos o período orientalizante), no siendo herederas de las fortificaciones del Calcolítico o del Bronce del mediodía ibérico, pues seguirían el prototipo oriental introducido por la colonización fenicia[10]. Las murallas de la Tablá cumplen, en líneas generales, las características principales aludidas por este profesor de la Universidad hispalense: “La característica fundamental de este tipo es el glacis de sustentación, una estructura sobre la que se coloca la fortificación propiamente dicha y que cuenta con una cara externa en talud destinada a resistir los embates del ariete, maquinaria de asalto cuyo uso está constatado en Iberia por referencias literarias (Ferrer 1996: 125). Esta ancha plataforma, que sirve además de cimiento aéreo a la obra, se edifica casi siempre sin una preparación previa del terreno, o en ocasiones sobre relleno de tierra y cascotes que sirven para una nivelación mínima preliminar, lo que afecta a ciertos tramos del recorrido…”[11].

La época de mayor esplendor de esta ciudad fue el período orientalizante (siglos VIII-VI a.C.), como se observa en el gran desarrollo que experimentan “sus dos espacios  funerarios asociados, la necrópolis de Santa Lucía y la del Raso del Chiroli, situadas al norte y al sur respectivamente de la Tablada y ambas muy mal conocidas”[12].  En Santa Lucía, la necrópolis principal, había túmulos funerarios (unos 17 para Cañal y 14 para Bonsor, de entre 1,50 y 6 m. de altura)[13] de distinta tipología, es decir, de incineración e inhumación. Bonsor[14] describe que excavó un túmulo de 2,35 m. de altura con una fosa de incineración de 80 cm. de profundidad, llena de cenizas y con objetos cercanos quemados. El ajuar, con una cronología aproximada del siglo VII-VI a.C., lo componía un pequeño bote de marfil, cuatro peines y tres placas de marfil decoradas con frisos de animales, palmeras y flores de loto; dos conchas grabadas y un huevo de avestruz con los bordes dentados y decorados con líneas rectas y zig-zag grabadas y pintadas en rojo.

Una excavación arqueológica daría luz sobre esta controversia, aunque, como hipótesis de trabajo,  nos decantamos por una datación de las murallas tartésicas de la Tablada en la época orientalizante, cuando el poblado adquiriría dimensiones urbanísticas y un trazado regular, la influencia fenicia sería más fuerte (organización urbanística, construcción de las murallas al modo oriental, importación de multitud de aspectos culturales,…) y sería necesario una fortificación pétrea para facilitar su defensa, así como símbolo de prestigio del gran poder de los reyezuelos y de la alta aristocracia, tanto en la vida terrenal como en la muerte (tumbas tumulares con ricos ajuares, como hemos visto anteriormente en la necrópolis de Santa Lucía).

Sin embargo, a pesar del hipotético origen tartésico de estas murallas, con una datación aproximada en los siglos VIII-VII a.C., creemos que el recinto fortificado fue ampliamente reformado y reforzado en la época turdetana, ya que en el muro occidental, el mejor conservado, fue rellenado con materiales de desecho, tales como hueso de animales o fragmentos de cerámica de tipología turdetana o púnica, ubicados cronológicamente en los siglos IV-III a.C. Uno de estos materiales de relleno fue una lucerna turdetana del siglo IV a. C. hallada por nuestra asociación en la base de la muralla occidental, en su lado interno, gracias a las intensas lluvias del invierno del 2010 que limpiaron el terreno y la dejaron al descubierto, siendo rápidamente entregada, siguiendo la legislación vigente, a la Guardia Civil y al SEPRONA para salvaguardar su correcta datación y conservación. Por tanto, ¿fueron reforzadas las murallas de la Tablada a raíz de las segundas guerras púnicas entre romanos y cartagineses en los últimos decenios del siglo III a.C.? El tiempo y futuras excavaciones darán respuesta a éste y otros enigmas sobre esta milenaria ciudad.

 

                                       MARCO ANTONIO CAMPILLO DE LOS SANTOS  

 



[1] Vid. M. A. CAMPILLO DE LOS SANTOS, Las ciudades protohistóricas de Los Alcores: la Tablada (El Viso del Alcor), en Anuario de estudios locales ASCIL 2 (2008) 5-7.

[2] F. AMORES CARREDANO, Carta Arqueológica de Los Alcores, = Diputación de Sevilla (Sevilla 1983) 94.

[3] F. AMORES CARREDANO, El poblamiento orientalizante en Los Alcores (Sevilla): Hipótesis de un comportamiento, en Habis nº 10-11 (1979-1980) 367-368.

[4] J. L. ESCACENA CARRASCO, Murallas fenicias para Tartessos: un análisis darvinista, en SPAL: revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla nº 11 (2002) 69-106.

[5] J. J. ROLDÁN, ¿Patrimonio Arqueológico?, en ACAV: Asociación Cultural Amigos de El Viso (1992) 105-107.

[6] J. A. MARTÍNEZ ROMERO, El Viso antes de El Viso. Una introducción a la Prehistoria, Protohistoria y la Historia Antigua, =Diputación de Sevilla (Sevilla 2011) 77.

[7] F. AMORES CARREDANO, Carta Arqueológica de Los Alcores, = Diputación de Sevilla (Sevilla 1983).

[8] M. BENDALA GALÁN, Tartesios, iberos y celtas: pueblos, culturas y colonizadores de la España antigua, = Temas de Hoy (Madrid 2000).

[9] D.RUIZ MATA, Tartessos, en V.V.A.A.: Protohistoria de la Península Ibérica, = Ariel Prehistoria (Barcelona 2001) 1-190.

[10] J. L. ESCACENA CARRASCO, Murallas fenicias para Tartessos: un análisis darvinista, en SPAL: revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla nº 11 (2002) 69-106.

[11] Íbidem, 86.

[12] J. MAIER ALLENDE, Jorge Bonsor (1855-1930). Un académico correspondiente a la Real Academia de la Historia y la Arqueología española (Madrid 1999) 345.

[13] F. AMORES CARREDANO, Carta Arqueológica de Los Alcores (Sevilla 1983) 95.

[14] Ibídem

EL CAMPANARIO DE SAN MIGUEL

EL CAMPANARIO DE SAN MIGUEL

                         Me gustaría dedicar este artículo a mi amigo Vidal y a su nuevo hijo, Miguel.

 

El Arcángel San Miguel ha sido considerado por las iglesias católica, ortodoxa, copta , anglicana, judía  y musulmana como el jefe de los ejércitos de Dios; es por tanto un Santo importante y de gran veneración, tal y como ocurría en nuestro pueblo, de ahí que no nos ha de extrañar que en el campanario se colocase una veleta del mismo, o que en 1643 el Cabildo civil y el Alcaide de la cofradía del Santísimo acordasen hacer una puerta bajo la advocación del Santo, dada la especial devoción que se le tenía.

Iconográficamente se le  representa como un ángel con su espada desenvainada matando al maligno (representado en forma de serpiente, generalmente). Es ésta la representación que podemos encontrar en una de las veletas más bellas de toda la comarca y que tenemos la satisfacción de disfrutar en la cúspide del campanario de nuestra iglesia parroquial. Hoy la podemos apreciar con ese color característico que da el hierro  oxidado, pero hemos de suponer que en sus mejores tiempos, a mediados del siglo XVII, se pudieran  apreciar sus distintas tonalidades, incluyendo su magnífico penacho de plumas.

Aunque del siglo XVII, está colocada en un campanario algo más reciente que sustituye al primitivo, más bajo que el actual y situado a los pies de la nave central del templo. Hemos de remontarnos al año 1732, fecha en la que se decide derribar las tres naves del templo parroquial, dado su mal estado; el campanario, como no había más dinero, se mantuvo. Al terminar las obras del remozado templo, que llega a tener un aspecto similar al actual, nos encontramos que el nuevo tejado llega al cuerpo de campanas, por lo que, cuando llovía las aguas entraban dentro del campanario e inundaban el templo. En 1757, después del terremoto de Lisboa, se propuso su derribo dado su mal estado.  El nuevo se debería de hacer en los pies de la nave de la epístola, aprovechando un cuerpo de torre que no era más que la escalera de acceso al existente; de esta manera se le añadió al cuerpo de torre unos tres metros de altura, por lo que la caña adquirió mayor esbeltez. Encima de la caña se colocó el cuerpo de campanas. Actualmente hay cuatro: San José (1918), Santa María (1872), San Pedro y la Purísima (1878). Aunque la función de las mismas se ha reducido en la actualidad, hemos de decir que ya en las ordenanzas municipales de mediados del siglo XVI se habla de la obligación que tenía el sacristán de tocar la campana gorda (esto significa que había más) para dar las horas.

En el año 1807, en unas obras menores, se colocó la reja que tapa uno de los cuatro huecos del cuerpo de campanas. Fue una decisión tomada por el cura párroco, un poco harto de las continuas roturas de tejas que se producían en el tejado de la nave central y que provocaban goteras los días de lluvia. Esta situación la provocaban los muchachos que subían al tejado por el campanario buscando nidos de pájaros.

  En el año 1971 se llevó a cabo la restauración de la torre, dado el mal estado en el que se encontraba. Por decisión del párroco se picó toda la pared y se dejó el ladrillo visto con los consiguientes problemas de humedad. En los años noventa se volvió a consolidar nuevamente y recientemente, tras la muerte de Manolo, el campanero,  se  ha sustituido el toque manual de campanas por uno eléctrico.

                                                               José Ángel Campillo de los Santos