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UNAS MURALLAS TARTÉSICAS Y TURDETANAS INÉDITAS EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPECIALIZADA: LA TABLADA.

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UNAS MURALLAS TARTÉSICAS Y TURDETANAS INÉDITAS

 EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPECIALIZADA: LA TABLADA.


La Tablada es un yacimiento arqueológico calcolítico, tartésico, turdetano y romano, incluso con posibles elementos neolíticos (son numerosos los fragmentos de piedra pulimentada), situado en el extremo oeste del casco urbano del pueblo sevillano de El Viso del Alcor[1], compuesto por dos partes claramente diferenciadas: la Tablada Baja y la Tablada Alta. En la primera de ellas, se instaló, a principios de los años ochenta del pasado siglo, el recinto ferial, por lo que una parte considerable del yacimiento ha sido sepultado, aunque posiblemente se conserve, pues han sido escasos los movimientos de tierra y no muy profundas las cimentaciones.

 

La Asociación Cultural Fuente del Sol, de la que soy su presidente, es una entidad que trata de estudiar, proteger, fomentar y divulgar el Patrimonio de Los Alcores, para lo que ha realizado un gran número de actividades, entre ellas un estudio metódico y cuidadoso de este yacimiento, centrándose especialmente en la posible existencia de unas murallas, no reconocidas por la historiografía especializada ni por la base de datos del SIPHA (Sistema de Información de Patrimonio Histórico de Andalucía). Los resultados de este estudio inédito se presentaron públicamente a los vecinos y vecinas de EL Viso el 1 de julio de 2010 mediante un amplio y completo montaje audiovisual, realizado por nuestro compañero Vidal Prieto Pineda, con la colaboración de José Manuel Burgos, Francisco Aranda, Ricardo Guerra, Fº Javier Urbano, Blas Jiménez y Marco A. Campillo.

Fruto de estas investigaciones, se ha realizado por parte de Francisco Aranda Jiménez (Tesorero de la Asociación) unas mediciones aproximadas, utilizando  la herramienta SIG PAC (Sistema de Información Geográficas de Parcelas Agrícolas): la superficie de la Tablada Alta es de 7,10 has. En cambio, la superficie total de la Tablada Alta más la Tablada Baja (recinto ferial y barrio aledaño) es de 11,50 has. Por tanto, éstas podían ser, de manera aproximada, las dimensiones reales de esta ciudad protohistórica. Estas dimensiones son frecuentes en el mundo tartésico o turdetano meridional, ya que lo usual son ciudades amuralladas de 10 a 20 has., aunque las hay menores en algunos casos, y otras enormes, que en ocasiones alcanzaron casi las 50 has., como en Hasta Regia (Mesas de Asta, Cádiz), Carmo o Cástulo (Linares, Jaén).

Fernando Amores Carredano en su obra clásica “Carta Arqueológica de Los Alcores” realiza la siguiente valoración del yacimiento en cuestión: “Se trata de un poblado importante, base -con otros- del hábitat del primer milenio a. C. en Los Alcores, como apuntó Bonsor, poblado en altura, bien guarnecido aunque no se aprecian restos de fortificación alguna a simple vista”[2] . Del mismo modo, en otro escrito, sigue negando cualquier tipo de entramado defensivo en la Tablada: “Un segundo tipo estaría representado por Entremalo y La Tablada. Se trata de un emplazamiento dominante, pero no perfectamente estratégico. Por demás, no tienen muralla (las murallas a que hacemos mención son tan espectaculares que, conociendo de antemano su estructura, se observe su existencia o no a simple vista)”[3].

El profesor José Luis Escacena en un artículo sobre las murallas tartésicas[4] enumera y describe un gran número de yacimientos amurallados, pero no hace alusión en este aspecto al yacimiento visueño de la Tablada.

En definitiva, la historiografía especializada de ámbito no local, no recoge el carácter amurallado del  enclave protohistórico en cuestión. No obstante, los laboriosos estudios emprendidos por la Asociación Cultural Fuente del Sol parecen demostrar que la ciudad protohistórica de la Tablada o Tablá estaba fuertemente amurallada, de modo análogo a los poblados cercanos de Gandul o Carmona.

El gran conocedor de la Prehistoria, Protohistoria e Historia Antigua de esta comarca, Fernando Amores Carredano, no incluyó las murallas de la Tablada en su célebre Carta Arqueológica de los Alcores,  pues en los años ochenta del pasado siglo eran poco visibles en un somero análisis superficial, no obstante unos movimientos de tierra realizados  a comienzos de los noventa en el límite occidental de la Tablada dejaron al descubierto una muralla de mampostería en forma de talud[5].

Los primeros vestigios de fortificación los encontramos cuando ascendemos de la Tablada Baja (la construcción en ella del recinto ferial de El Viso destrozó parte del yacimiento) a la parte Alta a través de una pequeña cuesta, frente a la entrada al Parque de la Muela. Concretamente, encontramos varios lienzos, en sentido vertical, conformados por fragmentos de rocas albarizas, con una anchura de 2,20 m. (cuatro codos fenicios). Uno de ellos parece continuar en el borde del actual recinto ferial, en el límite con el Parque antes mencionado, lo que deja entrever que la muralla continuaba por el perímetro de la Tablada Baja.

Otros elementos defensivos los encontramos en lo que pudo ser la entrada al recinto fortificado (claramente visible en las fotografías aéreas), un amplio espacio en forma de V, flanqueado por dos elevaciones del terreno, en los que existe una gran acumulación de piedras de considerable tamaño (podrían ser los restos de dos bastiones defensivos que flanquearían dicha puerta principal). El acceso a la misma se realizaría mediante  una rampa, perfectamente lisa, esculpida directamente en la roca natural, de unos 11,5 m. de anchura. Además, de esta principal, había dos pequeñas entradas “peatonales” (descubiertas gracias a la intuición de dos socios de la Asociación, Armando Rueda y Francisco Aranda) en ambos extremos, occidental y oriental, en pequeñas vaguadas artificiales excavadas por la mano del hombre, con posible acceso escalonado (se conservan restos claramente visibles), lo que nos hace pensar en la existencia de una planificación urbanística, con dos calles principales, que se contaban perpendicularmente, y un trazado en damero, como en el yacimiento del Castillo de doña Blanca en el Puerto de Santa María.

Los flancos de esta entrada están ocupados por los restos de una muralla de unos 2,20 m. de espesor, lo que nos indica una clara delimitación del espacio, “intra y “extra” muros. Este lienzo se afirmaba como defensa,  aún más,  por la fuerte pendiente del terreno. La continuidad de la muralla se hace patente en ambas direcciones, Este y Oeste.

Ascendiendo hacia la cornisa, encontramos restos de una construcción similar a un muro, en una zona escarpada. Procedimos a su medición y volvió a repetirse los 2,20 m. de anchura.

Caminando en sentido Oeste descendemos suavemente hasta llegar al muro occidental de la posible ciudad, el mejor conservado. Está formado por trozos de roca calcarenita, tierra y elementos de desecho (restos cerámicos, huesos,…), todo bien compactado con argamasa, adquiriendo forma de talud o, en algunos tramos, un diseño perfectamente vertical. La altura en las zonas visibles, según las mediciones de Juan Antonio Martínez (socio de Fuente del Sol) es de 5 m. en las zonas más altas y 80 cm. en las más bajas[6].

En definitiva, podemos concluir que toda la Tablada  Alta estaba amurallada por sus cuatro flancos con murallas abancaladas compuestas por mampuestos, con un perímetro de 1050 m., con una finalidad claramente defensiva, pero también por razones de prestigio, ya que la Tablá está aislada prácticamente por casi todos sus lados gracias a la acusada orografía del alcor, lo cual favorecía su defensa.

 

Hipótesis de datación de las murallas de la Tablada.

La presentación de una hipótesis sobre la datación de las murallas de esta milenaria ciudad es una tarea compleja, más si cabe cuando el yacimiento no ha sido excavado sistemáticamente. Sin embargo, utilizando el método comparativo podemos realizar una aproximación.

Fernando Amores Carredano realizó un estudio pormenorizado de las murallas de la antigua Carmo (Carmona) y de Gandul (Alcalá de Guadaira), similares en su estructura, aunque de mayores dimensiones, a las analizadas en estas líneas, realizando una datación aproximada en los siglos X-IX a.C., en la etapa Bronce Final o Bronce III, como defensa ante la llegada de pueblos del mediterráneo oriental[7]. Manuel Bendala denomina a este período, comprendido entre el cambio de milenio y el siglo VIII a.C., fase formativa de Tartessos o Período Geométrico, cuyo elemento más característico son las estelas funerarias de guerreros, símbolos de una sociedad fuertemente militarizada[8], como la hallada en la Hacienda de Cuatro Casas, cerca de Carmona. No obstante, otros autores, como Diego Ruiz Mata, consideran que el fenómeno de Tartessos comienza en torno al siglo VIII a.C., pues no hay evidencias concluyentes de establecimientos fenicios anteriores al 800 a.C.[9] En consecuencia, según esta corriente historiográfica, las murallas de la Tablá no serían tartésicas.

José Luis Escacena, en cambio, lanza una nueva hipótesis, siguiendo un enfoque evolucionista,  defendiendo que las murallas tartésicas son más tardías, a partir del siglo VIII a. C. (en la época culmen de Tartessos o período orientalizante), no siendo herederas de las fortificaciones del Calcolítico o del Bronce del mediodía ibérico, pues seguirían el prototipo oriental introducido por la colonización fenicia[10]. Las murallas de la Tablá cumplen, en líneas generales, las características principales aludidas por este profesor de la Universidad hispalense: “La característica fundamental de este tipo es el glacis de sustentación, una estructura sobre la que se coloca la fortificación propiamente dicha y que cuenta con una cara externa en talud destinada a resistir los embates del ariete, maquinaria de asalto cuyo uso está constatado en Iberia por referencias literarias (Ferrer 1996: 125). Esta ancha plataforma, que sirve además de cimiento aéreo a la obra, se edifica casi siempre sin una preparación previa del terreno, o en ocasiones sobre relleno de tierra y cascotes que sirven para una nivelación mínima preliminar, lo que afecta a ciertos tramos del recorrido…”[11].

La época de mayor esplendor de esta ciudad fue el período orientalizante (siglos VIII-VI a.C.), como se observa en el gran desarrollo que experimentan “sus dos espacios  funerarios asociados, la necrópolis de Santa Lucía y la del Raso del Chiroli, situadas al norte y al sur respectivamente de la Tablada y ambas muy mal conocidas”[12].  En Santa Lucía, la necrópolis principal, había túmulos funerarios (unos 17 para Cañal y 14 para Bonsor, de entre 1,50 y 6 m. de altura)[13] de distinta tipología, es decir, de incineración e inhumación. Bonsor[14] describe que excavó un túmulo de 2,35 m. de altura con una fosa de incineración de 80 cm. de profundidad, llena de cenizas y con objetos cercanos quemados. El ajuar, con una cronología aproximada del siglo VII-VI a.C., lo componía un pequeño bote de marfil, cuatro peines y tres placas de marfil decoradas con frisos de animales, palmeras y flores de loto; dos conchas grabadas y un huevo de avestruz con los bordes dentados y decorados con líneas rectas y zig-zag grabadas y pintadas en rojo.

Una excavación arqueológica daría luz sobre esta controversia, aunque, como hipótesis de trabajo,  nos decantamos por una datación de las murallas tartésicas de la Tablada en la época orientalizante, cuando el poblado adquiriría dimensiones urbanísticas y un trazado regular, la influencia fenicia sería más fuerte (organización urbanística, construcción de las murallas al modo oriental, importación de multitud de aspectos culturales,…) y sería necesario una fortificación pétrea para facilitar su defensa, así como símbolo de prestigio del gran poder de los reyezuelos y de la alta aristocracia, tanto en la vida terrenal como en la muerte (tumbas tumulares con ricos ajuares, como hemos visto anteriormente en la necrópolis de Santa Lucía).

Sin embargo, a pesar del hipotético origen tartésico de estas murallas, con una datación aproximada en los siglos VIII-VII a.C., creemos que el recinto fortificado fue ampliamente reformado y reforzado en la época turdetana, ya que en el muro occidental, el mejor conservado, fue rellenado con materiales de desecho, tales como hueso de animales o fragmentos de cerámica de tipología turdetana o púnica, ubicados cronológicamente en los siglos IV-III a.C. Uno de estos materiales de relleno fue una lucerna turdetana del siglo IV a. C. hallada por nuestra asociación en la base de la muralla occidental, en su lado interno, gracias a las intensas lluvias del invierno del 2010 que limpiaron el terreno y la dejaron al descubierto, siendo rápidamente entregada, siguiendo la legislación vigente, a la Guardia Civil y al SEPRONA para salvaguardar su correcta datación y conservación. Por tanto, ¿fueron reforzadas las murallas de la Tablada a raíz de las segundas guerras púnicas entre romanos y cartagineses en los últimos decenios del siglo III a.C.? El tiempo y futuras excavaciones darán respuesta a éste y otros enigmas sobre esta milenaria ciudad.

 

                                       MARCO ANTONIO CAMPILLO DE LOS SANTOS  

 



[1] Vid. M. A. CAMPILLO DE LOS SANTOS, Las ciudades protohistóricas de Los Alcores: la Tablada (El Viso del Alcor), en Anuario de estudios locales ASCIL 2 (2008) 5-7.

[2] F. AMORES CARREDANO, Carta Arqueológica de Los Alcores, = Diputación de Sevilla (Sevilla 1983) 94.

[3] F. AMORES CARREDANO, El poblamiento orientalizante en Los Alcores (Sevilla): Hipótesis de un comportamiento, en Habis nº 10-11 (1979-1980) 367-368.

[4] J. L. ESCACENA CARRASCO, Murallas fenicias para Tartessos: un análisis darvinista, en SPAL: revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla nº 11 (2002) 69-106.

[5] J. J. ROLDÁN, ¿Patrimonio Arqueológico?, en ACAV: Asociación Cultural Amigos de El Viso (1992) 105-107.

[6] J. A. MARTÍNEZ ROMERO, El Viso antes de El Viso. Una introducción a la Prehistoria, Protohistoria y la Historia Antigua, =Diputación de Sevilla (Sevilla 2011) 77.

[7] F. AMORES CARREDANO, Carta Arqueológica de Los Alcores, = Diputación de Sevilla (Sevilla 1983).

[8] M. BENDALA GALÁN, Tartesios, iberos y celtas: pueblos, culturas y colonizadores de la España antigua, = Temas de Hoy (Madrid 2000).

[9] D.RUIZ MATA, Tartessos, en V.V.A.A.: Protohistoria de la Península Ibérica, = Ariel Prehistoria (Barcelona 2001) 1-190.

[10] J. L. ESCACENA CARRASCO, Murallas fenicias para Tartessos: un análisis darvinista, en SPAL: revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla nº 11 (2002) 69-106.

[11] Íbidem, 86.

[12] J. MAIER ALLENDE, Jorge Bonsor (1855-1930). Un académico correspondiente a la Real Academia de la Historia y la Arqueología española (Madrid 1999) 345.

[13] F. AMORES CARREDANO, Carta Arqueológica de Los Alcores (Sevilla 1983) 95.

[14] Ibídem

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gravatar.comAutor: cristina

Me gusta lo q haceis, q hay q hacer para set socia?

Fecha: 30/07/2012 22:07.


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