Facebook Twitter Google +1     Admin

Mª Santísima del Mayor Dolor y San Juan Evangelista de El Viso.

20120405112754-mayor-dolor-del-viso-diego-benitez.jpg

-       María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso

El segundo paso de nuestra Cofradía muestra las imágenes de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso y San Juan Evangelista. Son dos imágenes de autor anónimo, fechadas tradicionalmente durante el último tercio del S. XVII o primer tercio del S. XVIII.

Pero al margen de la datación tradicional de estas dos imágenes, no podemos corroborar su existencia en nuestra Hermandad hasta bien entrado el S. XIX. La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, sufre una grave crisis, auspiciada por el panorama anticlerical de la sociedad, la extinción de ciertas hermandades por Orden de Carlos III o la expulsión de los mercedarios de El Viso. Ante esto, nuestra Hermandad se fusionó en 1847 con la Hermandad Sacramental y de Ánimas y su patrimonio, pasó a manos de esa Hermandad radicada en la parroquia. Gracias al inventario[1] realizado tras esa fusión, sabemos que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno rendía culto a las siguientes imágenes:

- Imagen de un Jesús Nazareno con corona y potencias de plata.

- Imagen de una Dolorosa con corona y corazón de plata.

- Imagen de un San Juan con diadema de plata.

Así pues podemos corroborar documentalmente cómo desde el S. XIX proseguía el culto a Nuestro Padre Jesús Nazareno y también ya existía una veneración hacia las imágenes de la Virgen Dolorosa y San Juan Evangelista.

Ciertamente la devoción y el culto a las imágenes de la Virgen Dolorosa acompañada por el evangelista San Juan, o incluso por las imágenes de la Verónica y la Magdalena, dentro de las cofradías de Jesús Nazareno en Andalucía, datan de época barroca[2]. Ya hemos comentado cómo desde el S. XVII las cofradías de Jesús Nazareno en nuestra región renuevan e incrementa su patrimonio y sus devociones, por lo que no es de extrañar que pocos años después de la llegada de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno a nuestro pueblo en 1669, llegase también la imagen de su madre dolorosa, la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso.

La datación tradicional hace que esta hipótesis cobre más sentido, por lo que podemos suponer como en los últimos años del S. XVII o durante las primeras décadas del S. XVIII, llegarían a nuestra Hermandad dos nuevas devociones: la Virgen y San Juan, al igual que existían desde años atrás en otras cofradías (que veneran a Jesús Nazareno con la cruz a cuestas) como la de Pasión de Sevilla o la del Traspaso (el Gran Poder) también de Sevilla.

Una pieza de excepcional valor que conserva nuestra Hermandad, la antigua saya de María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, que recientemente ha sido restaurada, ha sido fechada en 1711, tras la aparición de un documento con esta fecha. Este documento puede ser clave a la hora de poder datar la imagen de la Virgen en torno a 1711, aunque no podemos constatar que esta pieza pertenezca a nuestra Hermandad desde ese año, dada las vicisitudes que nuestra Corporación sufrió fundamentalmente en el S. XIX. Tras la fusión temporal de nuestra Hermandad con la Sacramental, perdimos gran parte del patrimonio y en el prólogo de las reglas de 1887[3], se hace saber que tras la fusión, una nueva Junta de gobierno tuvo que “luchar con obstáculos casi insuperables dado el desperfecto que encontraron en el mobiliario, desnudez de efigies, andas deterioradas y enormes faltas de atributos”. Por tanto y aunque por decoro, nuestras imágenes siempre estuvieron vestidas, no podemos constatar que en 1711 ya se rendía culto a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, pues no sabemos si esta saya se realizó para esta imagen o por el contrario fue adquirida para nuestra Virgen en la reorganización de la Hermandad a finales del S. XIX. 

Antes de examinar la talla de la Virgen deberemos reparar en su advocación, pues ésta influye poderosamente en la hechura de la imagen. Generalmente las imágenes marianas de las cofradías de Jesús Nazareno no tienen una advocación concreta, aunque son frecuentes las advocaciones de Virgen de los Dolores o Mayor Dolor y Traspaso. Precisamente la advocación de María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso alude implícitamente al momento en que la Santísima Virgen se encuentra con su hijo, en la calle de la Amargura, camino del Calvario. Este episodio no aparece descrito en los Evangelios canónicos pero sí lo describe los apócrifos, principalmente en las Actas de Pilatos, que narran cómo la Virgen fue informada por San Juan sobre los padecimientos que estaba sufriendo Jesús y cómo salió a su encuentro y lo halló en la calle de la Amargura, maltrecho y dolorido por el peso de la cruz y cómo la Virgen quedó desmayada en los brazos de San Juan. La representación plástica del desmayo de la Virgen tanto en el calvario como en la calle de la Amargura, fue desestimada por el Concilio de Trento, donde se consideró que a pesar del intenso dolor de la Virgen, ésta se mantuvo siempre firme y fuerte ante el dolor. Por tanto desde el S. XVII sólo se permitió la representación de la Virgen acompañada de San Juan durante el camino del calvario, en una escena donde aparece la Virgen llorando con un profundo dolor, que intenta aliviar el discípulo San Juan, que a su vez señala con sus gesticulantes manos el camino a seguir hacia el encuentro con el hijo.

 

La advocación del Mayor Dolor hace referencia al mayor dolor de todos los dolores que padeció la Santísima Virgen en su vida: el encuentro con su hijo cargado con el peso de la cruz en la calle de la Amargura. Un dolor que intenta ser mitigado por la compañía y el consuelo de San Juan. Pero el profundo e intenso dolor de la Virgen en ese momento de la Pasión hace que la advocación de nuestra titular se vea completada con el título de Traspaso, que alude expresamente al momento en el que María presenta a su hijo en el Templo y el anciano Simeón le profetiza el momento en el que una espada de dolor traspasaría el corazón de la Virgen. Por tanto Mayor Dolor y Traspaso constituye la advocación de la titular dolorosa de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y esa advocación cobra su más profundo significado cuando durante la Estación de Penitencia de cada mañana de Viernes Santo, la Virgen y San Juan, se encuentran con Nuestro Padre Jesús Nazareno en el particular Calvario de nuestro pueblo.

Aunque no sabemos con certeza si la advocación María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso era la original de la Dolorosa de la Hermandad del Nazareno de El Viso, tras hacer este breve análisis podemos concluir que el nombre de María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso fuera el que siempre tuvo la Madre de Nuestro Padre Jesús.

Mayor Dolor y Traspaso implica que la imagen de la Dolorosa que procesionaría  dentro del cortejo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, debía tener un intenso dolor casi imposible de mitigar y quizás alejado de la belleza y dulzura de la dolorosa sevillana. Al analizar fotografías añejas de la talla de María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, observamos cómo se hace presente el sufrimiento y el intenso dolor y posiblemente estas características sirvieron para datar la imagen a finales del S. XVII o inicios del S. XVIII pues durante esa horquilla cronológica, se constata cómo las dolorosas de la escuela sevillana empiezan a transformarse en imágenes duras y de un dolor profundo e incontenido. Este periodo de la escuela sevillana no está suficientemente estudiado, ya que el taller de Pedro Roldan ensombreció la labor de otros imagineros que trabajaron en Sevilla en los comienzos del setecientos y por eso apenas conocemos otros artistas independientes del taller de Roldan, entre los cuales podría estar el posible autor de la Virgen de Mayor Dolor y Traspaso.

La Virgen del Mayor Dolor y Traspaso es una talla de candelero; es decir sólo tiene tallado sus el busto y las manos, pues el cuerpo es una estructura articulada para ser vestida. En sus rasgos faciales se constata un intenso dolor: mirada ausente, baja y al frente, boca entreabierta, entrecejo fruncido y ojos notablemente abiertos; por sus mejillas corren regueros de lágrimas y en su gesto advertimos un inpiración que la prepara para un llanto incontenido.  

La imagen de la Virgen precisa de un estudio más profundo, que nos permita conocela más afondo. Un estudio interior de la imagen pudiera desvelar datos que desconocemos y quizás pudiera dar respuesta a ciertos caracteres distintivos que posee esta imagen, como por ejemplo los orificios en las orejas, que ha llevado a considerar que la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso fuera concebida como una imagen gloriosa[4]. Esta teoría cobra más fuerza al examinar la disposición de los dedos de las manos que se asemejan a las manos de cualquier Virgen de Gloria, pues la mano izquierda parece estar concebida para portar un cetro. Pero este rasgo no del todo concluyente ya que por lo general las imágenes marianas de gloria suelen portar el cetro con la mano derecha, reservando la izquierda para portar a su hijo. Así pues podríamos preguntarnos ¿Su posible autor pudo realizar de esta forma y por equivocación la mano izquierda para alguna Virgen de Gloria y después se las colocó a esta imagen? Todo es posible.

Pero como decíamos antes un posible estudio interior de la talla pueda dar respuesta a estas y otras cuestiones y pueda determinar los posibles cambios de fisonomía y los retoques en la boca y el entrecejo que el escultor Francisco Berlanga  detectó en su última restauración. Porque ciertamente el semblante de la Virgen ha cambiado sustancialmente desde sus orígenes: sus rasgos se han dulcificado y su fisonomía ha tornado hacia una juventud que le es ajena a su concepción.

Parece ser que fue restaurada varias veces en el S. XX, aunque estas restauraciones consistieron principalmente en retoques superficiales como la sustitución de lágrimas y pestañas o intervenciones en el candelero para afianzar la estabilidad de la imagen. En nuestro lenguaje actual podríamos considerar estar intervenciones como labor de conservación continua y preventiva, no restauración. Tenemos documentadas un par de intervenciones anónimas[5]: en 1955 cuando se le colocaron nuevas pestañas y en 1958, cuando se le pusieron nuevas lágrimas y pestañas. Sin embargo, la imagen de la Virgen del Mayor Dolor fue restaurada profundamente en dos ocasiones: en 1970 por el escultor Antonio Gavira quien remodeló su mascarilla y le otorgó el aspecto que hoy conocemos y en 1995 por el escultor Francisco Berlanga de Ávila, quien le talló un nuevo candelero, repolicromó la imagen y le añadió nuevas lágrimas y pestañas.

 

-       San Juan Evangelista

El segundo paso de nuestra Cofradía muestra las imágenes de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso y San Juan Evangelista. Son dos imágenes de autor anónimo, fechadas tradicionalmente durante el último tercio del S. XVII o inicios del S. XVIII.

Acompañando a la Virgen por la vía dolorosa, el evangelista San Juan la marca el camino a seguir detrás de su hijo Jesús El Nazareno. Por eso en el paso de palio, acompaña a María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, la imagen del discípulo amado San Juan Evangelista, otra talla de autor anónimo, fechada a finales del S. XVII o inicios del S. XVIII. No cabe duda que la imagen de San Juan Evangelista procede del mismo taller en donde se pudo realizar la imagen de la Santísima Virgen: las analogías entre ambas tallas así lo corroboran, a pesar de que trate de la representación de dos personajes ajenos entre sí.

De igual modo la existencia de esta imagen en nuestra Hermandad está documentada en 1847 gracias al inventario que se realizó tras la fusión temporal entre la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Sacramental de nuestro pueblo. Pero esta referencia documental no significa que la imagen llegara a la Hermandad en ese año, sino que era propiedad de la Hermandad ya en el S. XIX, al igual que expusimos anteriormente en el análisis de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. De esta forma y al coincidir la cronología de ambas imágenes, desde finales del S. XVII o inicios del S. XVIII, el misterio de la Virgen Dolorosa acompañada por el Discípulo Amado, podrían formar parte de nuestra Hermandad al igual que existían por esos años en otras cofradías de Jesús Nazareno de Andalucía.

Iconográficamente la imagen sigue las líneas impuesta por Juan de Mesa en la talla que realizara hacia 1620 para la cofradía del Traspaso de Sevilla: imagen erguida, con los brazos en actitud de señalar el camino por la vía dolorosa, con rostro juvenil, leve barba y cierta expresión de compunción. Hay que señalar que Juan de Mesa cae en un cierto anacronismo al representar la imagen del Discípulo amado con leve perilla y bigote caído, según la moda masculina de la época de Felipe III.

La imagen de San Juan Evangelista de la Hermandad visueña de Nuestro Padre Jesús Nazareno es, en parte, heredera de aquella imagen que tallara el imaginero cordobés para la cofradía del Gran Poder de Sevilla. Pero hay que tener en cuenta que entre ambas imágenes ha pasado casi un siglo y por tanto el cambio estético es más que evidente. Nuestra imagen de San Juan parece aún más juvenil, mientras que los rasgos anacrónicos se han transformado por el devenir del tiempo y el cabio de moda: si la imagen de San Juan Evangelista de la Hermandad del Gran Poder de Sevilla posee leve perilla y bigote caído, en la imagen de nuestro San Juan, ha disminuido el bigote, mientras que la perilla casi ha desaparecido.

 

En cuanto a los rasgos fisonómicos de la imagen del Evangelista denotamos en ellos un levemente dolor contenido, exteriorizado en la boca entreabierta y en las lágrimas que corren por las mejillas. Ya hemos apuntado que el autor de esta imagen puede ser el mismo que tallara la imagen de la Virgen y que por tanto pudiera realizar este grupo escultórico, con dos imágenes distintas –la  Dolorosa y el Evangelista- que compartiesen el mismo sufrimiento, de tal modo que los rostros de ambas imágenes manifiesten un dolor contenido, que rezuman cierta dulzura, con lágrimas en las mejillas, boca levemente entreabierta y mirada baja y ausente como asumiendo y anticipando la muerte de Jesús Nazareno.

La hipótesis de que el autor que tallase a la imagen de San Juan fuese el mismo que tallara a la Dolorosa del Mayor Dolor y Traspaso, cobra más fuerza nos sólo al estar datadas ambas imágenes en el mismo marco cronológico, sino también en las analogías entre ambas imágenes. Las semejanzas son evidentes pese a tratarse de dos representaciones diferentes –una femenina y le otra masculina- pero que comparten el mismo gestado de dolor, miradas bajas y al frente, con la boca entreabierta, un entrecejo levemente fruncido y cejas poco expresivas con idénticos trazados. Las similitudes son más evidentes en el caso de las manos; a pesar de ser masculinas, las manos de San Juan poseen la misma elegancia y delicadeza que las manos de la Virgen, con incisiones muy marcadas en las palmas y con unos dedos finos e idealizados, de los cuales el dedo índice sobresale notablemente respecto a la dirección de los otros dedos.

La imagen de San Juan Evangelista ha sido intervenida en varias ocasiones; sólo se constatan la restauración de 1995 a cargo del escultor don Francisco Berlanga, quien sustituyó su cuerpo por otro sin desbastar, limpió la policromía y añadió nuevas pestañas y lágrimas. Suponemos que esta imagen siempre fue de candelero, sólo tenía tallados cabeza, manos y pies, puesto que en el análisis de fotografías antiguas podemos detectar una estructura de candelero como principal soporte de esta imagen.  En junio de 2007 el escultor sevillano José María Leal Bernáldez realizó varias labores de mantenimiento[6] consistente en la limpieza y eliminación de cera en pies y peana y la reintegración de policromía en las lagunas provocada por los alfilerazos a la hora de ataviar la imagen. Son, en definitiva, labores de mantenimiento a las que todas las imágenes de culto tienen que someterse para que sigan manteniendo la función sagrada y devocional para las que fueron creadas.

 

-         Ángel Martín Roldán

Lcdo. Historia del Arte

Secretario 2º Hdad de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

3ª parte de su ponencia en las II Jornadas de Hª de la Asoc. Cultural Fuente del Sol: "La imaginería en Los Alcores: El Viso y Mairena"

 



[1] Ese inventario fue publicado por MORILLO BENÍTEZ, Francisco: “Memoria histórica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno”. En revista: El Señor del Viso, con motivo de su CCCXXV Aniversario de su llegada al Viso del Alcor. 1995, p. 57.

[2] ARANDA DONCEL, Juan: “Las cofradías de Jesús Nazareno en Andalucía durante los S. XVI-XIX” en AA.VV: Las Cofradías de Jesús Nazareno. Encuentro y aproximación a su estudio. Cuenca, Diputación Provincial, 2002, p. 98.

[3] A.H.N.P.J.N: Libro de Reglas de 1887. En el prologo de las mismas, se realiza una breve secuencia de la Historia de la Hermandad durante el S. XIX, basada en testimonios orales anónimos y se hace constar que esta Hermandad ya existía antes de 1836 y compartía la sede con la comunidad de padres Mercedarios Descalzos de la Orden de la Merced.

[4] Así lo determinó en 1995 su restaurador Francisco Berlanga de Ávila.

[5] A.H.N.P.J.N.: Libro I Cuentas, p. 18  y p. 45. En este documento se hace inventario de los gastos y de da cuenta de que se colocaron nuevas pestañas para la Virgen en 1955 y nuevas pestañas y lágrimas para la Virgen en 1958.

[6] Véase A.H.N.P.J.N: MARTÍN ROLDÁN, Ángel: Informe sobre el estado de conservación de la imagen de San Juan Evangelista. El Viso del Alcor, 2007.

 

-       Bibliografía:

  ARANDA DONCEL, Juan: “Las cofradías de Jesús Nazareno en Andalucía durante los S. XVI-XIX” en AA.VV: Las Cofradías de Jesús Nazareno. Encuentro y aproximación a su estudio. Cuenca, Diputación Provincial, 2002.

BANDA Y VARGAS, Antonio y HERNÁNDEZ DÍAZ, José: La escultura sevillana del siglo de Oro. Madrid, 1978.

  CAMPILLO DE LOS SANTOS, José Ángel: “El imaginero Andrés Cansino”, en El Señor de El Viso. CCCXXV Aniversario de la llegada de Nuestro Padre Jesús Nazareno a la villa de El Viso del Alcor. Sevilla, 1995.

-           “Andrés Cansino: un imaginero desconocido. Homenaje en el 375 aniversario de su nacimiento” en http://fuentedelsol.blogia.com. El Viso del Alcor, Mayo 2011.

  GARCÍA ROSEL, Carmen y TORREJÓN DÍAZ, Antonio: “El aprendizaje  de Luis Antonio de los Arcos con el Escultor Andrés Cansino” en Boletín de las Cofradías de Sevilla, nº 574, Sevilla, 2006.

HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Documentos para la Historia del Arte en Andalucía. T. II. Sevilla, 1928.

MARTÍN ROLDAN, Ángel y VALDAYO JEREZ, Manuel: José de Arce, Andrés Cansino y Francisco A. Gijón: vida y obra en Sevilla. Trabajo universitario supervisado por el profesor don Teodoro Falcón. Sevilla, 2006.

MORILLO BENÍTEZ, Francisco: “Memoria histórica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno”. En revista: El Señor del Viso, con motivo de su CCCXXV Aniversario de su llegada al Viso del Alcor. 1995.

 

 

-       Archivos consultados:

Archivo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno (A.H.N.P.J.N.): 

- Libro I de Actas (1910-1979).

- Libro I Cuentas (1948-1984).

- Libro de Reglas de 1887.

MARTÍN ROLDÁN, Ángel: Informe sobre el estado de conservación de la imagen de San Juan Evangelista. El Viso del Alcor, 2007.

Comentarios » Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris