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LA ROSCA DE PAN

LA ROSCA DE PAN

No cabe duda de que la tierra en la que vivimos, los Alcores, es una zona que desde muy antiguo ha suministrado cereal, tal y como ocurría, por ejemplo durante el Imperio Romano. En épocas más recientes, y a partir de la Baja Edad Media la zona suministraba trigo y pan, no sólo a la capital hispalense, sino también a la vecina ciudad de Carmona. Este hecho hace que a lo largo de la Edad Moderna y hasta finales del siglo XVIII, en las villas de El Viso, Mairena y Gandul, amén de otras cercanas, se fabricase gran cantidad de pan, tal y cómo lo atestiguan la cantidad de hornos de cocer pan que había no sólo en Alcalá, la de los panaderos, sino en El Viso y Mairena del Alcor.

Como ejemplo de lo que decimos tenemos el padrón de vecinos de Mairena del Alcor del año 1727. Se trata de un documento bastante interesante, dado que hace una clasificación de la población atendiendo al oficio de panadería y todo lo relacionado con la misma.

 

PADRÓN GENERAL DE MAIRENA DEL ALCOR (1727)

 

VECINOS

PANADEROS

NEGROS

ATAHONEROS

HORNEROS

VIUDAS

TOTAL

411

231

17

13

13

31

716

57,40%

32,26%

2,38%

1,82%

1,82%

4,32%

100%

 

Hemos de decir que este padrón se elabora ante el hecho de que los panaderos de Mairena, amén de los de otras villas están exentos de la milicia, hecho que, de alguna manera, puede exagerar el número de personas dedicadas a la panadería, directa o indirectamente. Dichas exenciones, según manifiesta al Cabildo el Capitán General, estaban concedidas “a los panaderos de las villas de Alcalá de Guadayra, Mayrena, Gandul y dos Hermanas”en atención  a la obligación de abastecer de pan a la ciudad de Sevilla, de ahí que el reparto de los soldados se debía de  hacer entre aquellos vecinos que no fuesen panaderos. Se trataba de “reconocer los que componían el gremio de la panadería y en el resto cargar el número de gentes que deuen aprontar por su dotación de milicias”. Estamos ante un privilegio, pues además de no participar en el ejército, los panaderos estaban exentos de “contribuir al alojamiento de tropas y de la requisa de los medios de transporte”, circunstancias que nos demostrarían el interés por  formar parte de ese grupo de “privilegiados”. Como podemos comprobar en el padrón anterior había un total de 231 panaderos, lo que supone el 32 % del vecindario. A esto hemos de unirle el número de  atahoneros y horneros, por lo que el total asciende al 35 %, lo que quiere decir que 1 de cada 3 vecinos de Mairena  se dedicaban, directa o indirectamente, a la panadería tal como lo aprecia el Cabildo: “Aunque todo  el mas  del pueblo son panaderos…”. Sin embargo, los panaderos no cumplían con sus obligaciones de amasar a diario pan y llevarlo a Sevilla, de ahí que a pesar de los continuos requerimientos durante dos años hacen que la Real Junta Magna de Sevilla se dirige a la villa en estos términos: “en conformidad con su obligación remitiese diariamente el pan con Diputado para que entre directamente en la plaza del pan de dicha ciudad, y no haciéndolo así quedara deshonrada de los privilegios que goza por esta razón”.

Son muchos los tipos de pan que se han elaborado a lo largo de la Historia, pero hemos de destacar, dado que es el que nos interesa, el que denominamos como “rosca de pan”. Se trata de una pieza elaborada con harina de trigo a la que se le añade  ajonjolí o sésamo (“sesamum indicum”), semilla oleaginosa, alimento de carácter energético que contiene entre otros componentes: proteínas, metionina, calcio, hierro,zinc. Estamos ante un fruto muy completo, de alto contenido en fibra que sirve, entre otras cosas, para contrarrestar el insomnio, la depresión nerviosa, la melancolía, el estrés, el agotamiento mental y es fundamental para las personas en estado de convalecencia. Visto los aspectos positivos de esta minúscula semilla, podemos presuponer la importancia del mismo en determinados momentos de la vida de una persona, es el caso de enfermos o mujeres convalecientes de un parto. A este respecto hemos de comparar la forma que se le ha dado a la rosca de pan con el aparato reproductor femenino. Si comparamos mentalmente el preciado manjar, podemos apreciar cómo la parte más estrecha del pan podemos asimilarlo con las trompas de Falopio, mientras que lo que denominamos como “panza” no es más que el útero del referido órgano femenino. Estamos pues ante una pieza de pan de origen incierto, bien puede ser musulmán o judío, o es las simbiosis de estos dos elementos culturales tan distintos, pero al mismo tiempo tan semejantes. No obstante, el origen musulmán o judaico, es en cierto modo, lo de menos; lo que sí es cierto es el hecho de que esta pieza de pan tan preciada se le regalaba a las mujeres que habían dado a luz, un regalo que iba acompañado de una buena gallina vieja, de las que hacen buen caldo, un caldo reconstituyente que, unido a la vitalidad que proporcionaba el ajonjolín, servían como reconstituyente natural en un momento tan delicado en la vida de una mujer.

 

                                                       José Ángel Campillo de los Santos

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