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LA ERMITA DEL CRISTO DE LA CÁRCEL DE MAIRENA DEL ALCOR

LA  ERMITA DEL CRISTO DE LA CÁRCEL DE MAIRENA DEL ALCOR

LA  ERMITA DEL CRISTO DE LA CÁRCEL DE MAIRENA DEL ALCOR

En la villa de Mairena del Alcor, en su plaza pública, encontramos un pequeño templo de una sola nave muy remozado a comienzos del siglo XX, según resulta de la comparación que podemos hacer actualmente con lo que de la misma se refiere en el inventario de 1884. La ermita, construida en torno a la segunda mitad del siglo XVII, ocupó un solar que perteneció a la capellanía que fundó Alejo García. Se trataba de  “una casa tienda… que se hizo solar en cuyo sitio y otros accesorios se labró la iglesia capilla del Santo Cristo que se titula de la cárcel”.No obstante hemos de remontar  la construcción del templo en torno a  1644, fecha en la que don Alonso Moya, corregidor de la villa , solicita licencia  para que se diga misa en la cárcel “siendo así que hay sala y capacidad bastante en la dicha cárcel de la dicha villa”. En marzo de este mismo año el cura más antiguo de la villa dio fe de la capacidad del cuarto o capilla: “Y habiendo visto la capilla destinada para celebrar el Santo Sacramento de la misa a los presos que están en ella digo que la sala que tiene la dicha cárcel está inclusa en ella y dentro de las paredes y puertas de la dicha cárcel y que tiene… un altar proporcionado para se celebrar y tres gradas adornando y un cuadro de un Santo Cristo donde se puede celebrar de forma que los presos de la dicha cárcel pueden oir misa aunque sean más de treinta personas… y se pondrán rejas que salen a la dicha capilla, si bien el dicho altar no tiene ara consagrado ni por consagrar ni están prevenidos ornamentos”. Dos días después se obtiene licencia para poder decir misa en la referida capilla. Tenemos constancia de los muchos milagros atribuidos a la venerada imagen; así en el último tercio del siglo XVII (1689) se hacían rogativas con la imagen del Santo Cristo como consecuencia de que “su divina Majestad nos está amenazando por nuestros pecados con falta de agua y langosta y quiere verdadero arrepentimiento” por lo que el Cabildo acordó que “ para que su divina Majestad tenga misericordia de todo género humano conviene el que se saque  en procesión el Santísimo Cristo de la Cárcel y hacerle un novenario de misas cantadas”. Ya en 1694 el templo se había consolidado y era conocido como “altar de la cárcel”.

A finales del siglo XVII, en el  altar mayor encontrábamos “un cuadro de Cristo crucificado y en los lados de dicho altar dos niños de talla” . No volvemos a tener constancia de la imagen hasta  el  inventario de 1866, fecha en la que se  especifica que el lienzo está sobre un “marco dorado y colocado en un pequeño retablo de madera pintada, mesa de altar” donde había un ara con dos niños de candelero de media vara y una lámpara  de metal. En el lado derecho estaba el  “altar de nuestra señora de la Soledad” , una dolorosa de candelero de vara y media de altura y  la urna de Jesús en el Sepulcro “de madera dorada, con cristales”. En el lado  izquierdo un retablo “de la Magdalena con un San Antonio” de yeso, jaspeado, el Santo de talla y el altar del Señor del Amor, también de yeso. En el inventario de 1866 nos aparece un altar, de madera, pintado con San Sebastián, de vara y media de alto y dentro del nicho del altar “una Virgen con un niño de marfil con su peana y una corona de plata; un Santo patriarca de barro y al pie un niño Jesús con potencias de plata”. El hecho de que encontremos a San Sebastián en el templo puede deberse a un hecho circunstancial, dado que el  Santo se veneraba en la ermita del mismo nombre, por lo que podemos pensar que la referida ermita estaba en obras y se había producido un traslado provisional. Junto a la ermita y compartido con la vieja cárcel  había un patio pequeño en el que había una sala donde se guardaban los pasos y enseres de la Hermandad de “Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Cristo”. En referencia a esta cofradía hemos de decir que en el año1662, Alonso Pastor Castellón, Diputado y hermano de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, sita en la iglesia parroquial de Mairena del Alcor, manifiesta “que los Hermanos y Diputados de la dicha Cofradía tienen por costumbre de reelegir  por mayordomos de ella a las personas que lo han sido” y que deben dinero a la Hermandad, por lo que perjudican las Reglas y Constituciones de la Hermandad. Por todo ello solicitaron se mandase el requerimiento  necesario para que esto no ocurra y que los nombramientos de mayordomo se hiciesen entre los demás diputados y hermanos que no lo hubiesen sido todavía, y siguiendo el turno que especifican las Constituciones y Reglas de la Hermandad. Así lo mandó el Vicario General, y así lo acataron los mayordomos, diputados y escribano de la Hermandad, que manifestaron su disposición a obedecerla. Estamos ante una de las nueve Cofradías  que aparecen en la relación de Hermandades y Cofradías del Arzobispado de Sevilla del año 1771. Tenemos constancia que desde muy antiguo la Cofradía hacía su estación de penitencia el Viernes Santo por la tarde. Así tenemos constancia que  los pasos e insignias se trasladaban sobre la una o las dos  de la tarde a la parroquia para allí hacer el descendimiento de la Santa Cruz, colocar al Señor en el Sepulcro y hacer la estación de penitencia. Sin embargo en 1755 el mayordomo de la referida Cofradía solicitó que la misma hiciese su estación de penitencia desde la misma ermita o desde la plaza pública  “para  que de este modo la vea todo el pueblo, como es estilo hacerse en otras villas y en la ciudad de Carmona”. El vicario informa  que desde hace tiempo inmemorial dicha cofradía salía de la parroquia el Viernes Santo por la tarde “y habiéndose introducido de pocos años a esta parte en dicha iglesia el paso del descendimiento del señor de la Cruz”, a la que asistían  cuatro sacerdotes que hacían las funciones de Santos Varones, que al parecer estaban descontentos por percibir pocos agasojos de la Hermandad, a lo que había que unirle en hecho de que rompían sus ropas, circunstancia que perjudicaba a la parroquia. No contento con esto el Mayordomo hace juramento, un mes después, de los agasajos que la Hermandad  hacía a los cuatro sacerdotes: cuatro bolas de jabón, cuatro empanadas, un frasco de vino, cuatro velas. A esto hemos de añadir otros regalos que se entregaban a cada beneficiado de la parroquial: una vela de media libra y otra al Vicario y al cura más antiguo.

En junio del mismo año interviene el fiscal General del Arzobispado que da su parecer y manifiesta que dicho proceder iba en  contra el Sínodo del Arzobispado, por lo que este tipo de representaciones estaban prohibidas, de ahí la conveniencia de prohibirla en Mairena, evitando así problemas, no perjudicando ni al monumento ni a las vestiduras de los clérigos”.  La controversia se dará por finalizada el  27 de junio de 1755, fecha en la que el viario General indica que la Cofradía debía de salir de la ermita  prohibiéndose el descendimiento de la Cruz.

Por lo que respecta a la cofradía del Santísimo Cristo de la Cárcel, entre los gastos que la misma tenía que afrontar tenemos: “una fiesta que se hace con toda solemnidad el día de la exaltación de la Cruz”, cera, reparos de la capilla, aseo y adorno del altar,  aceite para la lámpara, sermón que se predicaba, música  y fuegos que se quemaban en la víspera. No tenemos constancia si esta Hermandad titulada del “Santísimo Cristo de la Cárcel y de Nuestra Señora del Amparo” tuvo, con anterioridad al último tercio del siglo XIX, reglas. Nos consta que en 1885 José María López Rodríguez, en nombre de la Hermandad, se dirigió al Cardenal solicitando la aprobación de las mismas previa aprobación del cura párroco, paso imprescindible para que las reglas pudiesen ir a Palacio.

 

 

                                                   José Ángel Campillo de los Santos

                                           

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